domingo, 27 de diciembre de 2015

Día 17: La Muerte.

¿Qué es la muerte sino el último suspiro de la vida, la breve pausa del tiempo para empezar un nuevo ciclo? El modo de morir puede ser violento pero la muerte no es nada de eso, es un momento de estupor, de interrupción de todo que deja a los pobres seres humanos esperando por más. La mayoría de la gente teme a la muerte, teme a ese momento terrible en que las cosas se detienen para no girar más.

Pero, ¿No es el momento en donde uno se siente más vivo, sabiendo que las cosas tienen que acabarse? Minutos antes de intentar suicidarme sentía la loca palpitación de mi corazón, podía sentir claramente la miserabilidad de esta vida, el doloroso interruptor de adrenalina que hacía que casi valiese la pena respirar una vez más. Bueno, no logré matarme y ahora la vida se siente como algo deseable, un viaje que se desea recorrer completo aunque esté lleno de incomodidades. Es sólo que la muerte está siempre tan presente, es un hecho ineludible en esta vida llena de incertidumbre, es el motor que, paradójicamente te mantiene caminando, que hace que busques trascender en la existencia porque no tienes más, no puedes saber algo más allá.

Yo creo que como partes conscientes del universo que somos tememos el final de un ciclo porque siempre hay un rescoldo de duda por parte de la propia creación de si se le permitirá volver a girar en la circunferencia del ser. Me pregunto si el miedo no es una emoción que experimenta la materia como parte de la experiencia de saberse sensible, de encontrarse disfrutando de las novedades de su propia naturaleza, tan intrigada como nosotros de lo que está sucediendo. Quizá el propio Dios sea un niño grande con juguetes inteligentes cuya capacidad de asombro nunca disminuye y por eso disfruta tanto advertir, paso a paso, el mismo interminable proceso.

Tal vez el bien y el mal no sean más que etiquetas coloridas que el buen Dios (DIOSA, también quiero pensar)  puso para poder diferenciar mejor los procesos que viven sus juguetes, un tipo de orden para delimitar mejor este juego a escalas menores intrascendentes y mayores trascendentales observar con mayor detalle el propio tejido que se le acaba de ocurrir hacer. Quizá los únicos que sentimos que "esto no debería pasar" somos nosotros, ¿Quién decide lo que tiene que suceder? ¿Por qué creemos ser los mejores para analizar una situación? ¿Quién dice que hemos aprendido algo a  lo largo de los siglos de ser supervivientes como especie en este mundo de pacotilla que hemos construido?

Mantener la fe en que hay un entramado en este universo es como lanzar una moneda al cielo, sabes que caerá pero no tiene por qué ser a tu favor. Con frecuencia he escrito (en otros sitios) que a pesar de la aparente aleatoriedad de este mundo nos encontramos y fusionamos como seres humanos y hay veces que piezas encajan en su lugar y por algunos años el mundo se vuelve soportable, rico y generoso. Sin embargo opino, si, opino, desde mi limitada perspectiva, que vemos las cosas como queremos verlas y esto es independiente de si hay un destino trazado para el mundo o no. Quizá la realidad sea mitad y mitad, hay un entramado pero el propio Hacedor juega con los hilos, cambiando de opinión a cada instante, como un programador con su código. Las letras ya están dadas, el orden ha sido definido pero, ¿Quién dice que lo que tejes no puede ser una flor en lugar del mar azul?

Puede que me haya ido por las ramas y ya no esté hablando del título de esta nota pero las cosas van relacionadas. La naturaleza es un eterno ciclo gozoso de nacimiento, crecimiento, desarrollo, destrucción guerra y muerte y no hay formas bonitas o pacíficas ni de dar vida ni de prodigar muerte. ¿Quién dice que hay mejores formas de aprovechar la existencia que tenemos? ¿Dónde está escrito que tenemos que actuar de una u otra forma? No digo que no sea así, solamente digo que vemos lo que queremos ver, justificamos la vida misma como si de verdad pudiéramos conocer lo que "debemos" estar haciendo. La gente se arropa con sus creencias, creemos lo que podemos asimilar, lo que nos puede ayudar porque ya es bastante difícil vivir esta vida sin un propósito, sin parámetros que nos guíen. Y esto lo veo no porque sea alguien privilegiada (si es que se puede llamar a mi posición algo así) sino porque tardé años de mi corta vida en encontrar algo que para mí tuviera sentido precisamente porque nada lo tenía.

Cuando estoy en mi lado optimista suelo decir que para llegar a este punto tuve que pasar por la cantidad de cosas por las que he viajado y que ese aprendizaje, aunque algo punzante, era necesario. A veces sin embargo, me pregunto si no sigo equivocada. A veces, creer es más difícil que no hacerlo (aunque depende de la persona). Vayamos más allá, pues. ¿Por qué existimos los seres vivos? ¿Hay alguna razón secreta e inexplorada o difícil y evidente para que se nos permita el don de la vida? ¿O simplemente existimos para ser la prueba de que la vida es posible independientemente de cómo se manifieste? ¿Somos constantemente monitoreados por algún tipo de identidad o somos lamentablemente olvidados, un accidente en el tránsito de la posibilidad?

Yo viví en la oscuridad toda mi adolescencia. A veces todavía veo el mundo con tintes sombríos. No es muy difícil porque la especie humana ha hecho del destino de su raza algo muy cruel día con día. Hace que la vida en algunos momentos sea muy difícil de soportar. Sé o me han dicho que es así, que vivir en la luz es más sano, más conveniente y más aconsejable pero yo todavía no puedo percibir la vida de ese modo, no del todo. Mi mente ha ido sanando, mi espíritu ha recuperado su lucidez, sin embargo, mi cuerpo sigue inmerso en los estragos de excesos y mi voluntad ha ido haciéndose débil.
A veces miro hacía atrás y me pregunto si la muerte no hubiese sido más fácil.
Sin embargo debo admitir que la vida tiene sus ventajas.

Victoria Morgenstern.

martes, 25 de agosto de 2015

(Pausa)

No quiero olvidar, simplemente dejar de pensar,
Encerrarme en mi mundo ideal.
Aunque sea sólo por un tiempo.
No quiero odiarte, sólo quiero que desaparezcas,
Te desvanezcas.
Aunque sea sólo por un tiempo.
No quiero llorar, tranquilamente poder imaginar,
Contener el aliento
Aunque sea sólo por un tiempo.
Siguiendo mi camino de nuevo.
Siendo yo misma otra vez.

viernes, 21 de agosto de 2015

Día 16: Obsessive Memories

¿Alguna vez el pasado te ha dado jalones para que lo veas en tus recuerdos aunque lo que menos quieres es ir hacía allí? ¿Alguna vez has estado al borde de las lágrimas por lo que ya pasó aunque tu presente es estable? Si es así, pasaste por lo que yo paso ahora y te será más fácil leerme. O más difícil. No lo decido aún.

Mi subconsciente ha estado traicionándome repetidas veces, torturándome con cosas que deberían ser olvidadas, con detalles que no deberían ser importantes, con anhelos que no son tales. Es cierto que he vivido en el filo de la navaja una buena parte de mi vida pero eso no significa que por eso tenga derecho a victimizarme, hay muchas personas que lo han pasado peor que yo y siguen adelante. ¿En qué soy una excepción? Es una respuesta sencilla, pero mi inconsciente se burla de lo que sé conscientemente (O lo que me digo a mí misma para no llorar) y me bombardea con cosas en las que no quiero pensar. Múltiples recuerdos en donde salgo yo misma en la preparatoria, sola, enferma, sintiéndome mal todo el tiempo, agresiva, tan deprimida que a veces no me podía levantar de la cama. Recuerdo los tiempos reprimiendo mi personalidad, escribiendo para ventilar el dolor, odiando al mundo por lo que me había tocado en suerte. Enamorándome y siendo un fracaso para acercarme y sin saber cómo reaccionar, qué hacer, equivocándome en cada parte del camino. Haciendo las cosas mal, perdiendo habilidades que hasta ese momento habían permanecido en continuo crecimiento, escondiéndome detrás de las tapas de un libro (Saga Canción de Hielo y Fuego) donde la realidad no dolía, donde podía concentrarme en tantas otras cosas aunque en verdad lo que me pasaba no tenía modo de desaparecer. Faltar a la escuela unas veces por falta de dinero y otras veces por falta de ganas. El modo en que alejé a mis amigos, el modo en que busqué compañía sin encontrarla nunca. El sentimiento de melancolía que nunca me abandonaba, lo fuera de mi misma que me sentía, el no saber cómo escapar.

La música de HIM filtrándose en mis oídos, aliviando un poco el dolor (uno que no estoy en posición de describir aunque es aterrador) las voces que escuchaba, las conversaciones que mantenía, el modo en que la fantasía se volvió cada vez mi mundo real mientras intentaba escapar de una situación que parecía irreparable. Él, siempre él, hablándome, rechazándome, ayudándome, obstaculizándome. En mis recuerdos, en mis pensamientos, aunque la mayor parte de las veces lo odio, lo detesto profundamente o más bien, me perturba prácticamente. El no entender cómo es que alguien puede tener tanto poder sobre de ti, cómo es que tu mente puede pensar tantas veces y de tantas maneras diferentes en una persona y el modo en el que intenté liberarme sólo para caer una vez más en la trampa.

Recuerdos de gente con la que estuve, gente con la que soñé, gente a la que no me acerqué, gente a la que le mentí para ser aceptada. Recuerdos de noches solitarias con un grito a flor de labios, deseando algo mejor que aquello, un escape, lo que fuera. Recuerdos angustiantes de noches de insomnio y mis bolas para aliviar la ansiedad, recuerdos de palpitaciones dolorosas, recuerdos de momentos en que me daba cuenta que estaba realmente sola y no sabía cómo dejar de estarlo, en fin, recuerdos que me martirizan y me duelen y me hacen darme cuenta que he sido infeliz y ya no quiero serlo aunque no sé cómo hacer que deje de doler.

Memorias de tiempos agridulces que vinieron después cuando creé personajes maravillosos que pudieron amar de un modo en el que nunca pude. Consciencias despiertas de realidades más duras y más maravillosas, el saber que las palabras me protegían, me salvaban del aislamiento autoimpuesto. Recordar las historias que leídas fueron como hierro candente, que agitaron sentimientos, emociones, que invitaron a la vergüenza y a la consciencia de la realidad a venir a joder. Todo, todo eso, junto con mis experiencias en el psiquiátrico, mi intento de suicidio y mi dolor a cuestas, todo eso me oprime y me agobia sin que entienda claramente por qué.

El pasado está muerto. Lo malo es que en mí vive, con las cicatrices visibles e invisibles. Y poco a poco se va colando en mi felicidad, haciéndome repelar, dudar, llorar, sentir. Mi psicoanalista dice que no sé ser feliz, que me aferro a los recuerdos negativos porque no sé cómo afrontar la felicidad. Probablemente tiene razón pero esa declaración de hechos no los desaparece ni los hace menos reales.

Y mi mente reacciona. Escribí por tres horas y media una sola palabra, su nombre, tantas veces, sin poder parar, mecánicamente. Así que me mandaron medicina nueva que tengo que tomar sin chistar y mi mente se fuga en tantas otras cosas inútiles mientras busca alguien con quien estar, alguien con quien platicar, alguien con quien comulgar.

Mi alma busca el amor como una mosca viajando hacía la luz, lo busca desesperadamente igual que el hambriento el alimento que lo nutre y al que necesita. Así me siento a expresar mis sentimientos, a rogar al cielo por alguien a quien amar, a quien pueda amar y que me ame, porque la soledad es muy grande y muy dolorosa ya.

Mi ser se halla preparado para volver a empezar, para cuidar de sí mismo, para cuidar a alguien más. Listo para enamorarse de verdad, para vivir aventuras, para reír sin llorar, para llorar sin reír. Para amar, para pensar, para necesitar y ser necesitado. Quiere mezclarse con la gente, conocer lo que desea y también lo que no quiere, nutrirse del mundo y sus alrededores, jugar con fuego, quemarse y curarse. Desea poder confiar en alguien lo suficiente para mirarlo a los ojos, sentir miles de cosas y aún así no apartarse alarmado. Eso desea mi ser y es lo que no puedo darle porque no hay nadie, nadie, nadie.

Pero sigo esperando. Deseando. Anhelando. Necesitando.
(Y sí... amando)

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

viernes, 7 de agosto de 2015

Día 15: Lo voy a demostrar.

Hoy falté al trabajo. Quería tener un poco de tiempo para mí aunque lo cierto es que a ellos les diré que estaba enferma del estómago. Terminé durmiendo largas horas, víctima de una depresión demasiado conocida y cuando me levanté decidí que quería dibujar después de ver un capítulo de la que fue mi serie preferida. Abreviando diré que lo que me llamó la atención fue un vídeo sobre Lucy Hale (una actriz que sale en Pretty Little Liars para más señas) que cantaba. ¿Por qué? No es que el vídeo fuera malo ni nada parecido sino que la chica tiene 26 años, 5 más que yo  y ya está haciendo todo eso y le va bien en su vida mientras yo me mato trabajando en un call center y no he dibujado nada espectacular.

Recientemente me di cuenta que iba a priorizar lo que realmente quería hacer en mi vida y me di cuenta que estoy harta de perder el tiempo. Tengo 21 años y estoy sin estudiar en la carrera que quiero, llevo a cuestas un intento de suicidio, una estancia en el psiquiátrico y miles de días controlados por pastillas por una enfermedad que me había jodido de muchas formas. Estoy sola, sin amigos y luchando por salir adelante como todo el mundo.

Además, estoy gorda por las mismas pastillas y por comer en exceso, no hago ejercicio, me muerdo las uñas y me estaba volviendo bastante antisocial. Eso no es vida, la verdad y aunque es cierto que hay vidas peores que la mía, eso no resulta un consuelo. Soy inteligente, soy capaz, soy tenaz y no tengo una discapacidad, ¿Por qué no iba a poder cumplir mis sueños y proyectos? ¿Por qué tengo que desperdiciar mi vida lamentándome por un pasado que no va a cambiar ni a volver?

La vida es un suspiro en el tiempo, un instante preciado que se va demasiado rápido. No puedo ser menos que eso, tengo que encontrar una manera de triunfar, de hacer cosas, de acertar, de ser propositiva, olvidar la soledad y concentrarme en lo bello que tengo, en las cosas buenas que van saliendo, en la abnegación de mi espíritu por conseguir ser mejor que esto.

Hoy, tras perder a una chica que decía ser mi amiga y me abandonó cuando decidí pelear por lo que quiero, me doy cuenta que no importa cuán duro sea el camino, estoy dispuesta a seguirlo. Tengo derecho a hacer mi vida, a buscar la felicidad, a ser alguien de luz para los demás y para mí misma.
No soy perfecta ni nunca lo seré pero puedo intentar ser alguien íntegro y creativo, una persona llena de ideales, de búsquedas, de sueños. Puedo hacerlo.

Y lo voy a hacer.

Voy a demostrar, sobre todo a mí misma, que puedo. Sin dudar, puedo.

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

miércoles, 29 de julio de 2015

Día 14: Estoy cambiando.

La vida parece mucho más sencilla conforme me atrevo a vivirla y a darme cuenta de todo lo que pasa a mi alrededor. Sí, trabajar es cansado, llegar a casa molida es extraño y tener tan poco tiempo para mí misma no es lo ideal pero tener un propósito en la vida me sostiene de mucho mejor manera.

Hoy estoy teniendo un poco de tiempo libre porque tengo hemorroides y aunque duelen y estoy cansada, prefiero hacer otras cosas antes de dejarme vencer por el dolor. He dejado de trabajar en bienes raíces, ahora trabajo en un call center de equipos médicos, donde entro a las 10:00 de la mañana y salgo a las 6:00.

Llevo unos diez días allí pero estoy haciendo un gran esfuerzo y eso es importante, gano un poco  más de dinero y estoy viendo cómo meterme a un taller de pintura, trabajo pero sin descuidar mis sueños y proyectos, soy una persona productiva y llena de esperanza. No estoy diciendo que todo eso lo hizo el trabajo por si solo, fue un proceso que tomó su tiempo y que lleva ya bastante rato produciéndose.

Estoy cambiando, lentamente y para bien, centrándome en mis metas y aprendiendo a interactuar con otras personas, con la vida, con la realidad que me sostiene. Aún no descubro del todo quién soy yo o por qué soy como soy, pero las cosas necesitan su tiempo y su espacio y creo que en algún momento aprenderé lo que tengo que saber, no más ni menos.

Y me voy porque me duele el trasero horriblemente y ya no puedo estar más tiempo sentada xD

Ivana Morgenstern /(Victoria de Valo)

domingo, 19 de julio de 2015

Día 13: No me quedé.

Hoy no sé cómo me siento. Una parte en mí está llena de alivio, otra parte está llena de decepción y la otra parte aún no sabe qué debe de responder a la situación. Honestamente pensé que me iba a quedar en la UNAM y no estaba muy segura de cómo sentirme respecto a eso porque no me sentía preparada para ocupar un lugar allí, mi mamá está en la cuerda floja porque la persona que la ayudó a colocarse en su actual trabajo se va a otra secretaría y aún no se la lleva y yo llevo poco tiempo trabajando y no he dibujado así que no sé cómo me iría en Artes Visuales.

Tal vez mi destino no es la UNAM y tengo que aceptarlo tal y como viene aunque eso no significa que porque sea difícil entrar yo no lo voy a intentar otra vez. Creo que uno debe luchar por los sueños que tiene aunque las cosas se pongan negras, siempre existe un poco de esperanza y un aliento que te permite seguir adelante, llegar adónde puedas, adónde quieras.

La vida es eso, una eterna lucha por posicionarte en un lugar estable que puedes perder en cualquier momento, un parpadeo en el tiempo en el que te queda el lapso justo para hacer las cosas y nada viene al azar ni puedes quebrarte porque así fuera.En fin, no es el fin del mundo, ahora que no me he quedado en la UNAM puedo irme a otra escuela por el momento en lo que hallo el tiempo para volver a presentar el examen.

Como dije, una parte de mí se siente aliviada. No tengo todavía el nivel suficiente para estudiar Artes Visuales y prefiero explorar mis habilidades antes de caer en un error. No sé, incluso puedo presentar el examen a otra carrera, o quizá la misma, aún no sé. Las cosas suceden por una razón, lo sé. No me voy a preocupar más.
Un beso
Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

jueves, 9 de julio de 2015

Día 12: Tener Paciencia.

Tener paciencia no es mi fuerte. Tener paciencia es como cerrar los ojos mientras estás en medio de la calle, sabiendo que vendrá un carro y sabiendo que no debes abrir los ojos. Tener paciencia es un momento en el cual tranquilizas tu mente aunque sabes que no estás haciendo lo necesario para seguir y quedarte en ese punto eternamente. Simplemente es una actividad que se me hace tan dura como la espera misma. Faltan diez días para enterarme del resultado de mi examen y estoy en el filo de la navaja, para cualquier lado me corto. Si entro a la universidad, tendré que esforzarme demasiado para aprobar mis materias, todavía trabajando y si no entro, tengo que seguir trabajando para pagarme los cursos que me ayudaran a mejorar mi forma de dibujar. La verdad es que, sea cual sea el resultado, no quiero tener que esperar para saberlo. ¡QUIERO SABERLO YA!

¿Es tan difícil? El tiempo corre, vuela y se esfuma haciendo que mi vida se haga cada vez un poco más corta pero el día parece tan lejano que no puedo correr con la corriente y navegar hacía lo alto. Necesito creer que las cosas pasan por algo para darme cuenta de que esta estúpida espera no es, en lo absoluto, obsoleta. Necesito tranquilizar mi ego inquieto y mi cuerpo cansado, necesito olvidar el tiempo y el espacio de forma que sólo quede yo misma.

Afortunadamente, tengo algo que hacer mientras espero. He entrado a trabajar en una agencia inmobiliaria como asistente y aunque me pagan poco y trabajo mucho, decidí quedarme para aprender a hacer las cosas bien. Hasta ahora me va bien, pero creo que si ya es pesado trabajar medio tiempo, con la escuela y mis deberes las cosas se ponen un poco más desafiantes. No me molestan los retos, es sólo que vivo en la incertidumbre diaria de una vida que nunca es segura.

Debo recordarme que yo escogí este vaivén, elegí esperar lo inesperado y manejar lo inconsecuente para alcanzar mis sueños así que no debo quejarme. Pero... ¡Es tan desesperante!
Tan frustrante...

Tan real.

Como la vida misma.

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

domingo, 28 de junio de 2015

Día 11: El Compromiso conmigo misma.

Hubo un tiempo en que no sabía quién era yo. A veces pienso que todavía no lo sé del todo. Han pasado tantas cosas en mi vida que no sé de dónde partir para expresar la clase de persona que soy. Ha habido y sigue habiendo demasiados adjetivos para describirme. Solitaria. Anhelante, Curiosa. Soñadora. Inconstante. Indisciplinada. Floja. Depresiva. Enferma Mental. Impulsiva. Sexual. Parlanchina (a veces) Romántica. Gorda. Amante de los libros. Dibujante aficionada. Al menos, son los que se me ocurren ahora mismo. Pero a veces pienso que soy cambiante y lo que fue válido para un día no lo es para el siguiente.

 Me siento perdida en un bosque del que no puedo desprender ninguna enseñanza. El conocimiento de uno mismo es un proceso continuo y lo temo porque quizá no resulte suficiente para mí. Madurar no es cosa fácil. Comprometerse con uno mismo es tan difícil. Pero hacer nada no es la opción. Tomar ciertos riesgos es la solución aunque uno mismo no sepa por qué es necesario tomarlos. Es un poco extraño porque una de las cosas que tenía claro era qué clase de persona era yo. Me sentía poderosamente seducida por la idea preconcebida que tenía de mi misma hasta que ese molde se rompió en mil pedazos, demostrando que yo no cabía en él.

Así que soy una muñeca rota a la expectativa de que alguien vuelva a jugar conmigo para poder vivir. El problema es que nadie vendrá porque es tiempo de que la muñeca se levante sola y aprenda a bailar sus propios pasos. Siempre me había sentido vieja, sabia, madura. Todo mundo solía decir que era esa clase de persona que tiene claridad en la vida y una inteligencia grande con la cual combatir en la vida.  Pero ahora me siento muy joven, muy inexperta, muy tímida. De pronto, mi panorama es nuevo y yo no sé qué papel interpreto. A veces ni siquiera sé si quiero interpretar un papel en esta obra de teatro. Lo que sé es que ya no me siento contenta sólo observando. Necesito desarrollar un papel activo, uno que me permita conectarme con la gente.

Sin embargo, para salvarme del fracaso, necesito un carácter firme y una consciencia absoluta de las cosas. dos cosas que me parece que no tengo. No estoy totalmente en blanco, he aprendido y seguiré aprendiendo muchas cosas. Es sólo que siento que el único lugar donde me siento cómoda es en los sueños. Quiero pintar no porque sepa lo que es pintar, sino porque es un sueño que tengo desde hace mucho. Quiero escribir porque es lo que he estado haciendo toda la vida y no sé qué hacer si no escribo. Quiero leer porque hay sueños en esas páginas donde busco refugiarme. Durante mucho tiempo, de hecho, pasó de esa forma, me perdía entre las páginas de los libros y vivía una realidad alterna donde no prestaba atención a lo que me rodeaba.

Ese tiempo terminó y aunque sigo agradeciendo a los libros lo que me han dado, sé que no puedo seguir por esa senda de nuevo. Es hora de crear un mundo nuevo con lo que leo, aunque es tan difícil... escribir no es como leer, no te dan todas las armas para que tú descubras el mundo, tú tienes que decidir qué clase de cosa expresar y alguna vez ni siquiera tienes palabras para decir lo que pasa por tu cabeza o no quieres decir todo lo que necesitas expresar. A veces espero demasiado de las cosas. Espero que mi primer libro sea un éxito total y por eso es que no puedo escribir porque estoy obsesionada con la idea de un excelente libro, así que no lo expreso como pueda salir. Lo mismo pasa con lo que dibujo. Me cuesta tanto trabajo dibujar como escribir porque quiero que salga un excelente resultado y me desilusiono cuando veo lo poco que puedo hacer ahora. A pesar de eso no abandono ninguna de las dos cosas porque sigo un sueño y a veces me asusta pensar que son sueños lo único que me sostiene en la vida.

Antes ese papel lo ocupaba el orgullo y no sabes lo fácil que es dejarte llevar por la soberbia porque no sientes el fracaso, porque ocupas un sitio privilegiado en tu negativa a mancharte las manos. El orgullo es fuerte y te hace sentir que tú también lo eres aunque en el fondo sabes que es sólo una ilusión. Con todo, el orgullo es una excelente manera de ponerte en pie cuando desearías estar de rodillas sólo para que el mundo no te aplaste. Ahora ya no tengo orgullo ni oscuridad dónde refugiarme, sólo tengo sueños y luz. De alguna manera, hace mucho que temo a la luz porque representa las cosas tal y como son y me da miedo observarme conscientemente en el espejo de mi realidad. En ocasiones pienso que eso me llevó a intentar suicidarme. Había estado tanto tiempo peleando con  otras cosas que cuando finalmente estuve sola y tomé consciencia de mí misma, descubrí que no tenía nada en lo que apoyarme así que lo único que hice fue caer. Y no te creas, sigo estando en ese punto aunque con una negativa a rendirme, a dejar de luchar, pero ya no por orgullo sino por deseo de vivir.

Sin embargo no se puede vivir asomada a una simple ventana donde dejar pasar el viento, en el fondo sientes la necesidad de mezclarte con la gente y ser alguien para los demás, alguien que se comprometa y sea alguien activo, propositivo. Y siendo honesta, a pesar de todo el miedo que tengo, no quiero ser Rapunzel, por decirlo de alguna manera. Así que mi compromiso es conmigo misma. Quiero salir adelante por mí misma, porque merezco una oportunidad de luchar por lo que anhelo. Hago un compromiso de conocerme en profundidad y expresar mis sentimientos, un compromiso para relacionarme con las personas y aprender a aceptarlas tal y como son (siempre y cuando no hagan algo por lastimarme). Hago un compromiso por vivir la vida plenamente  y renuncio a mi escondite sempiterno que es mi usshak. Hago un compromiso por hacer amigos y conservarlos para seguir dándome de topes con la existencia.
Hago un compromiso conmigo.

Ivana Morgenstern. (Victoria de Valo)

miércoles, 24 de junio de 2015

Día 10: El Pasado que no puedo dejar/El Presente que no puedo amar.

Al fin he entendido por mi misma por qué no puedo alejarme de tu recuerdo. Eres el último bastión de un tiempo ya acabado y desaparecido de años que he perdido sin posibilidad de recuperación. Hoy me hallo al borde de otro tiempo distinto y me niego a soltar el pasado porque tengo miedo de lo que deparará el futuro. Juego al filo de un precipicio preocupándome por una caída que no ha sucedido (y que probablemente no sucederá) y lloro por todo lo que he extraviado en el camino. Lo cierto es que en esta vida nada perdura ni permanece y no puedes pretender que, una vez encontrado lo que buscas, lo tendrás en tu poder largo tiempo.

 A las malas tuve que aprender que la vida cambia con cada respiración y que muchas cosas que deberían seguir tu camino se desvanecen mientras que otras que deberían ser mejor olvidadas quedan en el recuerdo de una herida que se niega a cerrar. Esto no es amor, es obsesión. En el fondo mi alma herida necesita de alguien que ayude a aligerar los largos días que ocurren, en el fondo de mi alma destrozada aún perdura la ilusión de un amor aunque sabe que las cosas nunca suceden cómo las planeas. Por eso no te suelto, no porque seas imprescindible o porque seas inolvidable, sino porque eres la única referencia de un sentimiento verdadero y duradero en una vida llena de inestabilidades.

Hace ya dos años y algo que no te veo pero mi subconsciente me obliga a pensar en ti y en tu nombre para recordarme que una vez estuve viva, sufrí y deseé amor aunque ahora lo prefiera sólo en los libros. Mientras no suelte ese pasado que me niego a olvidar, ese pasado que me atormenta y me ata, jamás seré libre. Y por eso tengo que hablar mucho de ello, tengo que sacarlo todo para, al final, sanar el paso de esos momentos y dejarlos atrás.

Este escollo en mi vida en el que todo se detiene es terrible para mí porque no sé qué hacer con él, no puedo obligarme a vivirlo sin angustia, aprendiendo de él sin derrumbarme. En mi interior sé que todavía queda mucho por hacer pero mi mente consciente tiene miedo así que duermo y duermo esperando encontrar en mis sueños lo que no puedo disfrutar en la realidad. Está mal, lo sé, pero no sé cómo evitarlo

Estoy cansada de luchar, de presentar mi mejor cara al mundo, estoy harta de ser optimista y lo peor, siento que una parte de mí se hunde en la oscuridad sin remedio aunque la luz está a sólo unos pasos del camino. He perdido parte de la esperanza que me ha guiado en este eterno sendero y soy una pared inflexible con la que la gente se topa para rodearla. Estoy desesperada, estoy sola, estoy hasta la coronilla en este momento de calma donde todo se ha roto. Quiero gritar, quiero escribir, quiero estar viva, quiero tener claro lo que quiero hacer, quiero que todo se cumpla. Quiero tomar lápiz y papel y salir a la calle a perderme en pequeños detalles aunque a nadie más le importe.

Parece que ese es mi camino primordial, la soledad. Y estoy sola no porque no pueda estar con alguien sino porque muchas veces no quiero acercarme a la gente, no quiero conocerla, no quiero estar con ella y luchar por tener una conversación, no quiero dar de mí para ser traicionada otra vez, no quiero lidiar con un afecto que perderé. Es allí donde sé que el pasado me ata porque son las traiciones del pasado las que me impiden formar los lazos del presente. No sé en quién confiar, no sé si quiero confiar. No sé pelear por mi lugar, no sé cómo conectar con los extraños, no sé decir grandes discursos, no sé ser honesta con nadie (ni siquiera conmigo misma) no sé qué clase de persona soy, nada sé y no es una postura psicológica sino una realidad casi física.

Tengo miedo de enfrentarme a la vida a mis 20 años porque temo perder, temo equivocarme. De sobra sé que la única forma de aprender es intentándolo hasta morir, pero me duelen los golpes que me he dado intentándolo y me sumo en la vergüenza de recordarlo hasta que sé que no lo puedo olvidar. Lo que reverbera en mí es: estoy sola. Vivo sola. Sueño sola. Moriré sola.

Como todos los demás.

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

sábado, 6 de junio de 2015

Día 9: El Enfermo.

Mi padre es esquizofrénico y decidió dejar sus medicamentos hace algún tiempo aunque no me lo dijo hasta hoy. Esta decisión, que pareció ser relativamente sencilla de tomar, repercute en nuestras vidas de forma completa. Mi mamá no quiere que siga yendo a su casa por miedo a lo que pueda pasar y yo, que también tengo una enfermedad mental de distinto calibre no dejo de preguntarme cómo es que mi padre quiere regresar al infierno de ver desatada su enfermedad, dañando a sí  mismo y a la gente a su alrededor. ¿Qué justifica que te hagas daño y por extensión hagas daño a los que te aman? Él no es libre de hacer lo que él quiera; nadie lo es. Antes de poner en acción mecanismos a tu alrededor estás obligado a pensar cómo repercute lo que haces en aquellos que se preocupan por ti. Una acción sencilla puede no tener consecuencias graves pero si has salido del hoyo una vez, tienes la obligación moral de no volver a caer en él mientras puedas evitarlo. A cada reto superado le sigue una cicatriz y aunque no esté marcada en tu piel, tienes el derecho y el deber de sanar y seguir adelante. Tomar consciencia de tu enfermedad hace que las cosas cambien. De repente entiendes que no eres alguien normal sin medicina y que la necesitas para mantenerte estable. Te preocupas por las dosis, te ajustas a una nueva forma de vida y ruegas algún día poder vivir sin ella. Y si tienes que tomarla toda la vida, tomas tus precauciones, te exiges más día a día, te acostumbras. Sabes que tiene que ser de ese modo y llega un momento en que ya no te peleas con la vida para cambiar las cosas. ¿Por qué entonces abandonar el camino que te ha sido dispuesto? Pero yo ya no pregunto eso, porque sé que las cosas están destinadas a ser de una manera. Ahora pregunto, ¿Qué es lo que debo aprender de esta dura lección? ¿Para qué debo pasar por esto? Aunque no soy yo quien deja las medicinas, lo que hace mi padre me afecta. ¿Qué pasará con él? ¿Adónde iremos a parar? Él no sabe lo que es estar en un psiquiátrico, yo sí y aunque no es tan traumático tampoco es una experiencia que me gustaría repetir. ¿Por qué, pese a todo lo que le he contado, él sigue exponiéndose, exponiéndonos? Su actitud irresponsable para consigo mismo parece una forma de lacerarse y hacer daño.
Pero haré frente a esto que está sucediendo. Seré fuerte. Seré sabia. Y procuraré actuar ecuánime y serena.
Es lo menos que puedo hacer.
Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

martes, 2 de junio de 2015

Día 8: El Miedo.

En mi precaria situación y queriendo llorar más que otras veces, estoy tentando a la suerte con mi continuo dormir y mi negación a bañarme. Tengo ganas de salir corriendo, me falta seguridad en lo que estoy realizando y el mal humor está a la orden del día. La respuesta a lo que me pasa es tan simple como grande: Estoy aterrada. ¿Por? preguntarás. Por la vida, diré. Tengo miedo tanto de quedarme en la universidad como tengo terror a no hacerlo. La primera, porque me da pavor no cumplir con las expectativas de los profesores (y las mías, por añadidura) y la segunda por tener que volver a estudiar todo otra vez para intentar pasar. Me gustaría poder estudiar pintura por mi parte antes de enfrentarme a los retos de la Escuela Superior pero por otro lado me da miedo haber tomado la decisión equivocada. ¿Quééé? ¿No que Arte es lo que querías? Claro, me digo, pero el miedo borra hasta esa certeza y mi mente deambula en las antesalas de la angustia en un intento de escapar de la realidad. Me gustaría dar saltitos de impotencia mientras canto alguna canción y mis inútiles esfuerzos por llorar se van al caño con esa necesidad. Debería estar emocionada pero, por alguna razón que no alcanzo a entender, no puedo estarlo. Odio la espera para saber si me voy a quedar o no en la universidad y odio todavía más las dudas que me asaltan al no saber la verdad. ¿Soy una persona inestable? Desde luego. Más tardo en recuperarme de alguna crisis que en volver a caer en otra. Y para hacerme más dramática, ni siquiera me pongo completamente histérica, cosa que me aliviaría más rápido sino que sobrevivo en estado de ansiedad hasta que me tranquilizo un rato y luego otra vez, corro en círculos mientras la ansiedad me domina. Tengo un plan trazado y a mi mente le da por mandar todo al carajo porque siente que algo no está bien y se sobrecarga y explota. Carajo, me gustaría ser alguien más tranquilo. Más seguro de sí mismo y menos asustado. ¿Cuándo se deja de tener miedo? Yo digo que nunca, sólo te enfrentas a él y dejas de encerrarte en ti mismo para encarar un nuevo reto.
¿Por qué te asustas? Me preguntas entonces.
Porque mi miedo es muy grande.

sábado, 30 de mayo de 2015

Día 7: La Coyuntura del Examen.

Hoy hice el examen que, si todo sale bien, me catapultará a la universidad. Me fue bien pero quizá sea demasiado optimista esperar que todo salga como yo espero. Me gusta el optimismo (es agradable pensar positivamente) pero también me interesa ser un poco más realista. Así tenemos que estoy muy nerviosa porque el resultado del examen sale el 19 de julio es decir, en mes y medio y mi vida tiene que girar para adaptarse a ese cambio. Ya habíamos dicho que yo tenía que trabajar tanto si me quedaba en la universidad como si entraba, ahora debo pensar cuándo, en dónde, cómo. Debe ser un trabajo de medio tiempo que me permita pagar mis clases de arte si no entro a la universidad o pagarme los materiales para estudiar Artes Visuales si entro. Debo prepararme mentalmente para la búsqueda que puede no ser corta o fructífera, al menos al principio. Y debo seguir en acción mientras encuentro el lugar idóneo. Lo bueno del asunto es que tengo 20 años y esa ya es una edad decente para trabajar (llegué a trabajar a los 15 y no se imaginan lo difícil que es eso) y lo malo es que no tengo mucha experiencia. Pero no creo que la tarea resulte imposible de realizar, es sólo un poco complicada, encontrar un sitio donde no me mate y pueda sostenerme. Pero no puedo evitar preguntarme, ¿Qué pasará si no entro a la Facultad de Artes y Diseño? ¿Buscaré otra opción o simplemente pasamos al momento en que me vuelvo a inscribir al examen? Creo que también buscaré algunas otras opciones de escuelas de Artes aunque no abundan mucho en territorio mexicano. Yo sólo conozco otra opción de escuela pública, La Esmeralda y es igual de difícil entrar que a la Facultad de Artes y Diseño. Y ya no quiero hablar más.
Tengo que pensar.
Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

sábado, 23 de mayo de 2015

Día 6: La Obsesión.

Resulta doloroso comprobar como, a cinco años de uno de los sucesos que cambiaría mi vida, estoy en el centro de una enconada obsesión. Si tan sólo pudiera borrarme de mi cabeza tu nombre, si mi mente pudiera evitar los recuerdos, si la nieve se fundiera con más facilidad, sería más feliz. Soy la dama del invierno y sé que mi estación morirá por el amor. Soy testaruda y me niego a enamorarme porque el amor lastima y aunque lo he repetido en el pasado, esto no ha hecho que sea menos cierto. ¿Qué pasó para que esto sucediera? Lo resumiré en breves frases: Me enamoré, no fui correspondida pero hubo cierto intercambio entre los dos que me llevó a clavarme el hierro en el corazón y todo eso duró cinco años. Cinco años de anhelar, de soñar, de intentar, de ser prisionera. 5 años en retroceso con el mundo y los alrededores, cinco años en los que pensé que estaba condenada a amar sin ser amada por lo que me restaba de vida. Pero conseguí escapar y ahora el gato no quiere regresar a la jaula o lo que es lo mismo, yo no me quiero enamorar de nadie más. Al menos eso me digo pero, ¿Cómo puedes evitar caer prendada de alguien? El amor llega cuando menos te lo esperas, te roba el aliento y de pronto tus pensamientos no te pertenecen ni tu afecto es sólo tuyo. Y aguardas, necesitando, deseando tantas cosas que ni puedes empezar a nombrar. La fantasía te ayuda a elevarte y si tienes suerte, vives lo que tienes que vivir y no te es suficiente, la flor se marchita y sigues adelante. Pero si no tienes suerte, vivirás en agonía (relativa, pero agonía al fin) con la cabeza bullendo de sentimientos que no puedes controlar y suplicando por no morir ante los celos de que esa persona esté con alguien más.

¿Por qué los seres humanos amamos? ¿Qué es el amor? ¿Qué facultad es la que señala de quién debes enamorarte? Se nos ha enseñado que los animales se relacionan por instinto y que crean lazos afectuosos por la supervivencia de la especie. Si esto es cierto y lo podemos elevar a los instintos humanos, ¿Por qué enamorarte de alguien que no te puede corresponder si el motivo final es la reproducción? ¿Es el amor un fallo en la naturaleza? ¿Se corregirá con el paso del tiempo? ¿Amaremos menos y pensaremos más? ¿Por qué la reproducción no puede ser un simple contrato entre dos ciudadanos? ¿Y qué me dices del amor homosexual? Se nace homosexual y el propósito de una unión de ese tipo no tiene nada que ver con la supervivencia de la especie y yo no lo condeno, simplemente, ¿Por qué existe? Me digo a mí misma que todo debe tener algún especie de oscuro sentido retorcido pero no alcanzo a ver la pauta. ¿Cómo explicas el amor de forma científica? ¿Por qué se acaba? Y ojo, hablo del amor de pareja. Hay otros tipos de sentimientos más o menos permanentes. Es todo un enigma por qué experimentamos lo que experimentamos.¿Por qué tenemos sentimientos? ¿Son útiles? Y si no lo son, ¿Para qué existen?

A este punto del escrito siento que no me estoy explicando bien pero me hallo confundida así que espero que entiendas mi confusión y sigas leyendo.  Lo que es más confuso en mi caso es que yo no conozco necesariamente a la persona que me obsesiona. Lo conocí, lo observé durante mucho tiempo, deseé tenerlo a la distancia pero no sé qué clase de persona es porque rara vez conviví con él. Aún así, mi psique me sigue torturando con su nombre repitiéndose una y otra vez en mi mente y los recuerdos del pasado inútil se siguen filtrando para atormentarme cuando menos lo espero. Ya no creo que vaya a volver a ver a esta persona en mi vida ni tampoco me acuerdo bien de cómo era él pero por alguna razón me cuesta mucho trabajo olvidarle. Quisiera entender por qué mi vida parece que giró alguna vez en torno a alguien desconocido y cómo me sentí unida a alguien a quien difícilmente entendía. Estuve loca una vez, eso lo sé de sobra, pero ahora que ha pasado lo peor de mi enfermedad, ¿Por qué sigo pensando en él? ¿Por qué una parte de mí se aferra a todo lo que una vez fue? ¿Por qué me cuesta tanto trabajo vivir en el presente? ¿Por qué sueño con cosas que no pueden ser? ¿Es acaso miedo lo que me impulsa a recordarlo, no queriendo sufrir más pero aferrándose al dolor del pasado? Hay tantas cosas importantes que he olvidado y que necesito y no puedo recordarlas definitivamente, pero de esto me acuerdo aunque no lo necesito ni lo quiero. ¿Qué significará esto? Tantas cosas he perdido en aras de conservar a alguien que no quiere estar a mi lado, alguien a lo que no tengo ya nada que decirle y, sin embargo, mis pensamientos siguen evocándolo como si pudiera hacerlo aparecer (y no puedo, nada más te digo).

 Lo peor es que si he experimentado sensaciones por otras personas, una en particular con alguien con el que tampoco puedo iniciar nada y he hecho la retirada porque no quiero caer en lo mismo otra vez. ¿Qué tan dañada debes estar para que tengas que odiar lo que una vez amaste? ¿Por qué debería caer en ese bajo estado mental? ¿Es que no merezco la felicidad? Una vez leí que aceptamos el amor que creemos merecer y creo que eso es cierto. Quizá una parte de mí no cree que merezca ser amada por lo que se aferra al dolor para evitar caer en algo peor. ¿Me aferro al sufrimiento porque es lo único que conozco en la vida? ¿O simplemente tengo miedo de experimentar las otras gamas de emociones? Hubo un tiempo en que solía evitar toda alegría porque cuando ésta se acababa el bajón que me daba era peor que el ascender, así que sólo exacerbaba las emociones negativas porque podía soportarlas mejor. Hubo un tiempo en que era depresiva y dormía para olvidar y me daba ansiedad tantas cosas dispares. Y ahora que estoy sana, ¿Qué hace falta para que deje de llorar? ¿Qué hace falta para que deje el invierno atrás y disfrute de la primavera? Tal vez no me guste la primavera. Tal vez la felicidad significa algo más para mí. Algo que sé, no obstante, es que no hay cabida en mi vida para esa persona. La vida está pasando rápidamente y no puedo detenerme a mirar lo que quedó atrás. Miraré hacía delante entonces.
Ivana Morgenstern (Victoria de Valo).

domingo, 17 de mayo de 2015

Día 5: La Soledad.

La soledad es un refugio para aquellos que no quieren comprometerse que creen que las relaciones humanas no son lo suyo. ¿Es tan difícil embonar con otra persona tan sólo queriendo pasar un buen rato? Yo digo que no, lo complicado es la convivencia efectiva de un período más largo. Nos la pasamos soñando con esa persona perfecta que llenará nuestros días y a veces pensamos que somos nosotros quienes creamos las relaciones. Sin embargo, muchas veces las personas que acompañan nuestros días no son aquellos que elegimos sino las que les toca el turno de convivir con nuestra desordenada persona.

Puede que, estando por primera vez en un lugar, creas escoger con quién te relacionas pero lo que determina la interacción entre ambos depende de muchos factores externos a ti. En primera, la vista.¿Tú eliges de verdad que es lo que más te gusta? ¿No es este un factor predeterminado sujeto a variables que tú distas de controlar? Bueno, discútelo si quieres pero el caso es que estás allí y eliges a alguien porque te gusta cómo se ve. Hubo química y hubo reacción y ese día amaneciste con la suficiente valentía para "escoger" hablar con una persona por lo que te encuentras hablando con ella, tocando puntos comunes. Y tal vez la cosa funcione y de pronto resulta que hasta van en la misma dirección cuando se marchan del lugar, lo cual es conveniente. ¿Tú elegiste adónde ir o más bien las circunstancias se alinearon para que así sucedieran? ¿El hecho de que les gusten las mismas cosas es un punto que tú elegiste? ¿Ves? La elección no depende de ti sino de las circunstancias que rodean a la situación. Tú no eres libre de hacer lo que quieras porque tu elección está supeditada a una serie de cosas que escapan a tu control.

Podría extenderme más sobre esto y sobre mi determinismo de hueso colorado pero me estoy desviando y ese no es el punto. A lo que voy, ¿Por qué estoy sola? ¿Estoy sola porque quiero o porque debo? ¿Es buena la soledad? ¿Hay algo que pueda hacer? Ya recibí los resultados de mi examen y resulta que no lo pasé. Ahora me preparo para la segunda vuelta y con todas mis dudas no sé qué hacer con mi vida. Dado por hecho que soy determinista esta pregunta ni debería ser planteada porque yo misma reconozco que no tengo opciones o que estoy limitada a una serie de caminos más o menos transitables cuyo andar no lo determinaré. Pero el dirimir sobre la cuestión es parte del proceso y al menos así puedo pensar que poseo control sobre lo que me está pasando.¿Qué pasará si repruebo el examen? ¿Qué caminos están disponibles? Puedo trabajar un año y estudiar entremedio pintura, lo cual no es una pérdida de tiempo pero volverá siempre el ciclo terrible de volver a empezar, de estar en desventaja. De todas maneras, mi futuro se decide en trece días exactamente y mi corazón late fuerte por la tensión. Aquí me desahogo y pienso en la soledad de mi corazón, estoy rodeada de gente pero me siento sola. No es trágico como antes, no es desolador, es reconfortante. En el fondo ansío conocer el amor como todos los demás, sentirme ligada a algo más que al centro de la tierra, comulgar con otro espíritu hermano. Pero luego pienso en todo el dolor que está ligado a las relaciones humanas, toda la confusión y la angustia y la inseguridad y me siento bien tal y como estoy, en esta especie de limbo extraño donde no hay nada excepto lo que yo pueda crear, determinado por la entidad llamada Dios y sin nada más que eso.

No sé, no sé cuál es el camino que debo tomar o cuál tomaré y esto va más allá del miedo, la duda o la desesperación. La libertad (aparente) está tan cerca que casi puedo acariciarla y soltar mis grilletes contra el suelo polvoso. Pero pienso que todo está en stand by hasta que pueda moverme e inventar un nuevo sendero. (O más bien, recorrer el sendero que ya está marcado que pise). ¿Por qué creemos estar solos los seres humanos? ¿Qué es lo que une a dos consciencias despiertas más allá de su estado? ¿Está solo el ser humano como aparenta? ¿Existe una consciencia llamada Dios o es una invención más? ¡Vaya! Mi meteórico estudio de la filosofía no me ha dañado del todo la mente o lo ha hecho de forma irreparable, qué puedo decir. Sigo haciéndome las mismas preguntas que cuando tenía 16 años y filosofaba en compañía de los libros. Qué mujer soy, no estoy hecha para comulgar toda la vida con la filosofía pero eso no significa que no bordee su campo. ¿Quién no filosofa a los 20 años? ¿Quién no se ha preguntado de dónde viene el mundo o adónde va? Soy humana después de todo y si no me preguntara estas cosas sería una persona más ermitaña de lo que soy ahora.Bueno, soy excelente planteando preguntas y difícil si planteara respuestas. No sé si el ser humano está solo pero evidentemente no desea estar solo.

La necesidad de comunicarse es inherente en el hombre (o mujer) y todos son como una melodía celestial cuchicheando información a ráfagas iguales. Pero, a pesar de los millones de personas que viven en una realidad análoga a la mía me siento tan sola como la luna en medio de tanta estrella. Es decir, cohabito con los otros y a veces viajo en su realidad transmitiendo impresiones igual que la televisión, rápido, entretenido, pero mis verdaderos pensamientos no son compartidos en su totalidad. Soy desgarradora, profunda, a veces frívola y muchas veces inconstante y anhelo encontrar alguien con quien fundir mi soledad para que nos curemos ambos de la misma. Tengo un miedo mortal a ser lastimada y a ser transformada pero, ¿Qué somos nosotros sino partículas cambiantes que nunca se estabilizan ni se quedan quietas? Estamos acostumbrados a los cambios, a la fluidez absoluta de los elementos que predominan en nuestro ecosistema. Todo cambia, todo fluye (diría Heráclito) aunque nada se mueve, nada cambia (diría Parmenídes)

Y aunque la filosofía me es anatema es útil en este caso tan sólido que se ramifica en ¿Qué debo hacer? ¿Adónde debo ir? ¿Qué decisiones debo tomar? Soy una luna entre tantas estrellas, que ni siquiera emite luz natural. Del mismo modo me dejo llevar por las circunstancias, soy un barco a la deriva y una mota de luz en la oscuridad. Debería estar creando en lugar de estudiando porque estoy cansada de absorber, quiero devolver la impresión del espejo en el que me miro a menudo. Si paso, gano tiempo, si no lo paso, efectúo una conversión. Tanto esfuerzo para estar sola entre las masas, aferrada a una vela para poder respirar. Engordo con la medicina que necesito pata tener mi mente estable, buceo en las profundidades de la depresión luchando por ponerme en pie como una guerrera. Tengo la mente clara y el organismo embotado, subo, subo de peso por no moverme para cambiar de posición. ¿No suena absurdo? ¿Lo es realmente?

Sé lo que debo hacer pero la cristalización de los hechos es difícil. Estoy en una especie de limbo sin condenación ni final y diferentes pensamientos avalan en mí al concepto de oscuridad. Soy una mala nadadora aprendiendo a nadar y mi senda acaba de empezar. ¿Debería escribir nada más? ¿Debería dibujar nada más? ¿Debería irme de la escuela para salir adelante? Pero sin escuela no tienes nada en este país. ¿Debería irme del país? ¿Debería buscar un trabajo que me ayude? ¿Debería estudiar por mi cuenta? ¿Qué debería hacer?

Mejor dicho, ¿Qué puedo hacer? Si entro en la facultad, debo buscar un trabajo y aguantar las marejadas que vengan mientras me formo en las Artes Visuales. Si no entro debo buscar un trabajo y pagarme las clases de pintura en lo que intento de nuevo volver a entrar. Si me voy del país debo aprender inglés, encontrar un trabajo y pagarme las clases de pintura. ¿Tú también ves el común denominador?

Debo encontrar un trabajo. Y debo empezar el 1 de junio. Es lo único que tengo claro.
Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

jueves, 2 de abril de 2015

Día 4: 02 de Abril del 2015

Hace unos días le mentí a mi novio. El qué le haya dicho no tiene importancia alguna, más bien, el hecho de que lo hice fue lo que me motivó a hacer esta entrada. Es triste no poder confiar en personas que están cercanas a ti y es todavía más triste preguntarte si las has querido alguna vez. Me he dado cuenta que le falté el respeto a esta persona que estaba junto a mí y de mi no arrepentimiento me entero que debo cambiar de actitud, no por él sino por mí. ¿Cómo puedes pasarte la vida sin respetarte a ti misma? Porque la falta no es lo que le hiciste al otro solamente, es lo que te haces a ti misma, los círculos que no rompes, la fatal necesidad de lastimarte, de llevarlo todo al extremo para hundirte. Siempre he sabido que tengo una veta autodestructiva pero, ¿Llegaré al extremo de perjudicar a otros en un intento de autolesionarme? ¿Qué culpa tienen los otros de semejante impulso? Incluso si no he acabado con mi relación, lo cierto es que las cosas ya no serán igual. Él ya no confiará como antes en mí y yo entiendo que ya no le tengo confianza. Tantas simples cosas por un e-mail del que no quiero hablar, tan sólo mencionar. Actué impulsivamente, sin pensar en las consecuencias de mis actos y aunque no llegué a hacer nada que pueda ser reprochable, lo cierto es que siempre estuve al filo de la navaja. Me dejé llevar por la parte más inmadura de mi carácter, cometí un error y con él, me niego a poner distancia de las cosas de mi vida. La mentira no le hizo daño a él que no sabe lo que significa. Me hizo daño a mí porque rompió con los parámetros que tengo en mi corta existencia. Ahora me doy cuenta que no soy una persona falsa ni hipócrita pero tampoco soy totalmente honesta o sincera en lo que hago. Y eso tiene que cambiar. Quiero volver a ser esa persona confiable y abierta dentro de lo que es prudente. No más mentiras, no más encubrimientos. No soy una mala persona, sólo una persona que comete errores, como todo el mundo. Pero bueno, volviendo al punto, si no soy capaz de respetar a mi novio, tampoco soy capaz de amarlo. Y no sé qué es el amor, porque lo que he experimentado en ocasiones anteriores se parece demasiado a la obsesión.  Creo que me cuesta mucho trabajo entablar una relación con las personas porque no estoy preparada para confiar, para dejarme llevar, para fluir. Y la verdad es que, como si he pasado el enamoramiento, no quiero enamorarme de nadie, porque duele, lastima, lacera. Sinceramente no quiero prendarme de nadie o que alguien se prende de mí. No quiero lastimar ni ser lastimada. Pero justamente por tratar de evitar esto estoy lastimando a personas que aprecio. He de cambiar mi estrategia. He de cambiar mi actitud.
Y eso es todo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Día 3: 27 de marzo del 2015.

Hoy me he dado cuenta que no sólo hace falta empezar de nuevo, sino que tienes que reconstruir y fortificar tu mundo, de tal forma que puedas tener un refugio donde pasarla cuando todo lo demás se derrumba. ¿Sabes lo que es un usshak? No sé si es en general, pero según lo que leí en Memorias de Idhún, es aquel santuario o lugar especial donde guardas tu alma, de tal forma que ese lugar te pertenece a ti y sólo a ti. Así es como yo lo entiendo y el por qué llamé así a mi blog. Este santuario en donde comparto mis ideas, mis opiniones, un lugar que sólo me interesa a mí. No es totalmente privado pero tampoco invito a nadie entrar, lo cual parece muy apropiado. Al grano. He decidido que voy a pasar una quincena viviendo con mi madre y una quincena viviendo con mi padre, de tal forma que viviré en una especie de limbo. Necesito mis momentos de soledad (estaré con mi mamá que siempre se va a trabajar y me deja sola porque no le queda de otra) y necesito compartir con los demás (estaré con la familia de mi papá y podré compartir cosas con ellos). Pero, sobre todo podré poner en orden mi mundo, fortificarlo y empezar nuevos proyectos. El 29 de marzo (dos días a partir de hoy) recibo mis resultados sobre el  examen de Artes Visuales para entrar a la universidad y sabré si tengo que seguir estudiando o no. Si no tengo que seguir estudiando, tendré tiempo para mis actividades en solitario y podré ordenar mi vida. Si tengo que seguir estudiando, compaginaré mis proyectos con el estudio así que es válido que comience con ellos de cualquier forma. En primera, quiero dibujar. No lo hago bien, soy un asco y lo que tú quieras, pero tengo que empezar a practicar. En segunda, tengo que socializar más. Soy ermitaña y ando sumida en lo mío pero eso no es excusa para no tener amigos. Ya no quiero aislarme más. Veré con qué gente me relaciono e incluso buscaré contactos por internet para hacer amigos. Puedo hacerlo. Debo hacerlo. Pero hablaba de fortificar y lo que debo hacer es reconstruir mi hogar y mi espacio de manera que me sienta cómoda y a gusto en mi propia casa (en mis dos casas). Otra cosa que debo hacer: buscar un trabajo. Nota mental: ir al IMJUVE y buscar trabajo por vías habituales. Necesito percibir ingresos porque mis padres no pueden pagarme la carrera. Artes Visuales es insanamente cara y tengo que ver cómo salgo adelante.
Nota mental: Poner en orden la casa antes de cualquier otra cosa.
Y eso es todo por hoy, amiguitos.
Ivana Morgenstern.

sábado, 21 de marzo de 2015

Día 2: 22 de Marzo del 2015.

Acabo de releer mis diarios de hace casi cuatro años y otros de tiempos aún más antiguos. Me he dado cuenta que vivo mucho en el pasado, que tiendo a obsesionarme con las cosas y que siempre estoy coexistiendo en mundos paralelos. ¿Es eso lo que hace un escritor? ¿Se deja llevar por sus fantasías hasta que éstas son más importantes que la realidad? Yo creo que no es así. Todas las personas tienen dos mundos, el primero es dónde existen y el segundo dónde se imaginan que viven. El que yo escriba sobre esos mundos no es nada especial, sin embargo, creo que es preocupante la manera en la que llevo mis fantasías al mundo real. Leyendo un cuaderno que hice estando en la secundaria, puedo darme cuenta cómo fue que llegué a enamorarme de una persona que ni conocía y extender el asunto durante cinco largos años. Claro, la ficción y la realidad no coincidieron en todos los aspectos y eso me creó sufrimiento pero  no deja de ser remarcable la manera en que busqué que mi realidad se adaptara por completo a mi fantasía, a lo que me faltaba (o creía que me faltaba) para ser feliz. Así las cosas, supongo que sólo tengo una leve idea de lo que es el amor y quizá no lo conozca en lo absoluto porque nunca he amado a nadie por ser tal y como es, con excepción de mis padres. He idealizado el amor hasta ponerlo en un pedestal oculto que brilla a la luz de la luna con haz espectral. Soy una persona que se relaciona sólo hasta cierto punto con las personas y que esconde sus pensamientos para contarlos a los psicoanalistas y los psiquiatras para ver si hasta ese punto me pueden ayudar. Y creo que estoy tan sumergida en mi modo de ver las cosas que no consigo reflexionar objetivamente sobre lo que me rodea. Veo mucho pero también veo de forma muy limitada. Y estoy cansada de correr y estoy cansada del dolor y la soledad. Quiero una nueva vida. Así que empiezo de cero, reinicio la computadora que es mi mente y dejo atrás los demonios del pasado. No puedo cambiar lo que haya pasado pero puedo cambiar yo de manera que mi destino sea menos doloroso. Puedo intentar ser feliz, puedo ser honesta conmigo misma. Puedo cambiar. Puedo ser diferente. E incluso aunque todo esté predeterminado, quizá hasta pueda evitar la miseria de una vida envuelta en el sufrimiento. No está mal querer ser feliz y pasarla  bien aunque te sientas mal. No está mal buscar esa misma felicidad y pelear por la estabilidad mientras te desarrollas como persona. Dejemos que mi ser hable de lo presente, de lo existente, de lo rentable. Escondamos las cicatrices en el fondo del baúl y no las dejemos salir por un buen rato. Eso es lo único que puedo hacer.

domingo, 15 de marzo de 2015

Día 1: 15 de Marzo del 2015.

Quisiera decirte que mi vida ha sido fácil y tranquila. Que he vivido a mi manera sin hacer caso de las opiniones ajenas. Quisiera decirte que no temo al mundo ni a la vida y que avanzo por el camino de mi existencia como una catarata en toda su potencia. Pero no es así. Mi vida ha estado llena de sinsabores y recuerdos amargos y he experimentado un montón de cosas a mis 20 años que no todos han padecido. Lo bueno del asunto es que ya estoy recuperándome y puedo empezar a expresarme como lo hacía antes de caer tantas y tan dolorosas veces.

No creé este blog para ser leído por otras personas, simplemente, lo creé para mí. Para decir por escrito lo que no me atrevo a decir en voz alta o lo que no quiero que otras personas vean. Sinceramente, no creo que actualizaré todos los días ni sé si podré hacerlo. Sencillamente, empiezo un nuevo ciclo esperando que sea mejor que el anterior para sentir que tengo un espacio privado para mí, un lugar donde decir todo sin tapujos, sin reglas, sin juicios. Aquí puedo mentir, decir la verdad, callar, inventar, sincerarme, coquetear, todo lo que me interesa. Aquí puedo contar historias y puedo fingir que todo va bien o todo va mal. En realidad seré más que honesta pero es reconfortante pensar que puedo decir lo que yo quiera. Que puedo hacer lo que yo quiera. Como un modo de ser libre. Como una autorrealización.

Mi nombre es Ivana Victoria Mora González. Mi pseudónimo de escritora es Ivana Morgenstern desde hace bastante tiempo así que prefiero ser llamada así, tanto en facebook, como en twitter, como en fanfiction, potterfics... y aquí. Me siento cómoda con ese nombre, con cómo suena y el estilo que tiene. Antes me hacía llamar Victoria de Valo, otro hermoso nombre, pero creo que ese lo guardaré para mí.

Soy escritora. Me encanta el modo en que las letras bailan para mí, cantan en un lenguaje que conozco y a la vez he perdido, el modo en que las frases se entrelazan para formar un bosquejo, un mundo nuevo.Y por eso también soy lectora porque es el mejor modo de bailar con las palabras. Me encanta aprender idiomas, aunque por el momento sólo he podido estudiar inglés e italiano. A veces traduzco cosas del inglés al español o viceversa pero todavía no tengo un alto nivel para hacer esas cosas, todavía recurro al diccionario o al traductor. Pero me encanta conversar conmigo misma en inglés y sentir el modo en que pronuncio las palabras nuevas, las dejo deslizarse por mi lengua y las formo en mi boca de un modo maravilloso. Creo sinceramente que el lenguaje es una de las más maravillosas formas de existir en este mundo, de ser diferente a las otras criaturas de la Tierra. Todos los lenguajes son hermosos. Todos expresan belleza y fealdad. Todos pueden ser cultos y vulgares.
Amo conversar y amo escuchar. Aunque me expreso mejor por escrito. Tantas y tantas palabras dichas para expresar cosas que sólo podemos intuir mientras desgranamos un libro, un folleto, un audiolibro. Estoy orgullosa de eso.

Estoy orgullosa de ser inteligente y de que me llamen brillante. Pero aún así me falta mucho por aprender, por entender, por explorar. Ahora que tengo el tiempo me estoy dedicando a eso y aunque después (quizá)  te pueda contar por qué no me pude concentrar en tiempos pasados, no será ahora.
Lo otro que te puedo contar es que estoy esperando a entrar a Artes Visuales Lo sé, debería entrar a Letras pero las quiero Inglesas y mi nivel de inglés no es suficiente para entrar. Así que voy a probar otra forma de expresarme, aunque sea una chica primitiva en ese sentido. Quiero aprender a pintar, a esculpir, a tomar fotos, a hacer murales. Soy una chica creativa, sé qué puedo hacerlo. O por lo menos intentarlo. Claro, eso no significa que dejaré de escribir. Simplemente, expando mi mundo.

Y creo que eso es todo (por ahora).