martes, 25 de agosto de 2015

(Pausa)

No quiero olvidar, simplemente dejar de pensar,
Encerrarme en mi mundo ideal.
Aunque sea sólo por un tiempo.
No quiero odiarte, sólo quiero que desaparezcas,
Te desvanezcas.
Aunque sea sólo por un tiempo.
No quiero llorar, tranquilamente poder imaginar,
Contener el aliento
Aunque sea sólo por un tiempo.
Siguiendo mi camino de nuevo.
Siendo yo misma otra vez.

viernes, 21 de agosto de 2015

Día 16: Obsessive Memories

¿Alguna vez el pasado te ha dado jalones para que lo veas en tus recuerdos aunque lo que menos quieres es ir hacía allí? ¿Alguna vez has estado al borde de las lágrimas por lo que ya pasó aunque tu presente es estable? Si es así, pasaste por lo que yo paso ahora y te será más fácil leerme. O más difícil. No lo decido aún.

Mi subconsciente ha estado traicionándome repetidas veces, torturándome con cosas que deberían ser olvidadas, con detalles que no deberían ser importantes, con anhelos que no son tales. Es cierto que he vivido en el filo de la navaja una buena parte de mi vida pero eso no significa que por eso tenga derecho a victimizarme, hay muchas personas que lo han pasado peor que yo y siguen adelante. ¿En qué soy una excepción? Es una respuesta sencilla, pero mi inconsciente se burla de lo que sé conscientemente (O lo que me digo a mí misma para no llorar) y me bombardea con cosas en las que no quiero pensar. Múltiples recuerdos en donde salgo yo misma en la preparatoria, sola, enferma, sintiéndome mal todo el tiempo, agresiva, tan deprimida que a veces no me podía levantar de la cama. Recuerdo los tiempos reprimiendo mi personalidad, escribiendo para ventilar el dolor, odiando al mundo por lo que me había tocado en suerte. Enamorándome y siendo un fracaso para acercarme y sin saber cómo reaccionar, qué hacer, equivocándome en cada parte del camino. Haciendo las cosas mal, perdiendo habilidades que hasta ese momento habían permanecido en continuo crecimiento, escondiéndome detrás de las tapas de un libro (Saga Canción de Hielo y Fuego) donde la realidad no dolía, donde podía concentrarme en tantas otras cosas aunque en verdad lo que me pasaba no tenía modo de desaparecer. Faltar a la escuela unas veces por falta de dinero y otras veces por falta de ganas. El modo en que alejé a mis amigos, el modo en que busqué compañía sin encontrarla nunca. El sentimiento de melancolía que nunca me abandonaba, lo fuera de mi misma que me sentía, el no saber cómo escapar.

La música de HIM filtrándose en mis oídos, aliviando un poco el dolor (uno que no estoy en posición de describir aunque es aterrador) las voces que escuchaba, las conversaciones que mantenía, el modo en que la fantasía se volvió cada vez mi mundo real mientras intentaba escapar de una situación que parecía irreparable. Él, siempre él, hablándome, rechazándome, ayudándome, obstaculizándome. En mis recuerdos, en mis pensamientos, aunque la mayor parte de las veces lo odio, lo detesto profundamente o más bien, me perturba prácticamente. El no entender cómo es que alguien puede tener tanto poder sobre de ti, cómo es que tu mente puede pensar tantas veces y de tantas maneras diferentes en una persona y el modo en el que intenté liberarme sólo para caer una vez más en la trampa.

Recuerdos de gente con la que estuve, gente con la que soñé, gente a la que no me acerqué, gente a la que le mentí para ser aceptada. Recuerdos de noches solitarias con un grito a flor de labios, deseando algo mejor que aquello, un escape, lo que fuera. Recuerdos angustiantes de noches de insomnio y mis bolas para aliviar la ansiedad, recuerdos de palpitaciones dolorosas, recuerdos de momentos en que me daba cuenta que estaba realmente sola y no sabía cómo dejar de estarlo, en fin, recuerdos que me martirizan y me duelen y me hacen darme cuenta que he sido infeliz y ya no quiero serlo aunque no sé cómo hacer que deje de doler.

Memorias de tiempos agridulces que vinieron después cuando creé personajes maravillosos que pudieron amar de un modo en el que nunca pude. Consciencias despiertas de realidades más duras y más maravillosas, el saber que las palabras me protegían, me salvaban del aislamiento autoimpuesto. Recordar las historias que leídas fueron como hierro candente, que agitaron sentimientos, emociones, que invitaron a la vergüenza y a la consciencia de la realidad a venir a joder. Todo, todo eso, junto con mis experiencias en el psiquiátrico, mi intento de suicidio y mi dolor a cuestas, todo eso me oprime y me agobia sin que entienda claramente por qué.

El pasado está muerto. Lo malo es que en mí vive, con las cicatrices visibles e invisibles. Y poco a poco se va colando en mi felicidad, haciéndome repelar, dudar, llorar, sentir. Mi psicoanalista dice que no sé ser feliz, que me aferro a los recuerdos negativos porque no sé cómo afrontar la felicidad. Probablemente tiene razón pero esa declaración de hechos no los desaparece ni los hace menos reales.

Y mi mente reacciona. Escribí por tres horas y media una sola palabra, su nombre, tantas veces, sin poder parar, mecánicamente. Así que me mandaron medicina nueva que tengo que tomar sin chistar y mi mente se fuga en tantas otras cosas inútiles mientras busca alguien con quien estar, alguien con quien platicar, alguien con quien comulgar.

Mi alma busca el amor como una mosca viajando hacía la luz, lo busca desesperadamente igual que el hambriento el alimento que lo nutre y al que necesita. Así me siento a expresar mis sentimientos, a rogar al cielo por alguien a quien amar, a quien pueda amar y que me ame, porque la soledad es muy grande y muy dolorosa ya.

Mi ser se halla preparado para volver a empezar, para cuidar de sí mismo, para cuidar a alguien más. Listo para enamorarse de verdad, para vivir aventuras, para reír sin llorar, para llorar sin reír. Para amar, para pensar, para necesitar y ser necesitado. Quiere mezclarse con la gente, conocer lo que desea y también lo que no quiere, nutrirse del mundo y sus alrededores, jugar con fuego, quemarse y curarse. Desea poder confiar en alguien lo suficiente para mirarlo a los ojos, sentir miles de cosas y aún así no apartarse alarmado. Eso desea mi ser y es lo que no puedo darle porque no hay nadie, nadie, nadie.

Pero sigo esperando. Deseando. Anhelando. Necesitando.
(Y sí... amando)

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

viernes, 7 de agosto de 2015

Día 15: Lo voy a demostrar.

Hoy falté al trabajo. Quería tener un poco de tiempo para mí aunque lo cierto es que a ellos les diré que estaba enferma del estómago. Terminé durmiendo largas horas, víctima de una depresión demasiado conocida y cuando me levanté decidí que quería dibujar después de ver un capítulo de la que fue mi serie preferida. Abreviando diré que lo que me llamó la atención fue un vídeo sobre Lucy Hale (una actriz que sale en Pretty Little Liars para más señas) que cantaba. ¿Por qué? No es que el vídeo fuera malo ni nada parecido sino que la chica tiene 26 años, 5 más que yo  y ya está haciendo todo eso y le va bien en su vida mientras yo me mato trabajando en un call center y no he dibujado nada espectacular.

Recientemente me di cuenta que iba a priorizar lo que realmente quería hacer en mi vida y me di cuenta que estoy harta de perder el tiempo. Tengo 21 años y estoy sin estudiar en la carrera que quiero, llevo a cuestas un intento de suicidio, una estancia en el psiquiátrico y miles de días controlados por pastillas por una enfermedad que me había jodido de muchas formas. Estoy sola, sin amigos y luchando por salir adelante como todo el mundo.

Además, estoy gorda por las mismas pastillas y por comer en exceso, no hago ejercicio, me muerdo las uñas y me estaba volviendo bastante antisocial. Eso no es vida, la verdad y aunque es cierto que hay vidas peores que la mía, eso no resulta un consuelo. Soy inteligente, soy capaz, soy tenaz y no tengo una discapacidad, ¿Por qué no iba a poder cumplir mis sueños y proyectos? ¿Por qué tengo que desperdiciar mi vida lamentándome por un pasado que no va a cambiar ni a volver?

La vida es un suspiro en el tiempo, un instante preciado que se va demasiado rápido. No puedo ser menos que eso, tengo que encontrar una manera de triunfar, de hacer cosas, de acertar, de ser propositiva, olvidar la soledad y concentrarme en lo bello que tengo, en las cosas buenas que van saliendo, en la abnegación de mi espíritu por conseguir ser mejor que esto.

Hoy, tras perder a una chica que decía ser mi amiga y me abandonó cuando decidí pelear por lo que quiero, me doy cuenta que no importa cuán duro sea el camino, estoy dispuesta a seguirlo. Tengo derecho a hacer mi vida, a buscar la felicidad, a ser alguien de luz para los demás y para mí misma.
No soy perfecta ni nunca lo seré pero puedo intentar ser alguien íntegro y creativo, una persona llena de ideales, de búsquedas, de sueños. Puedo hacerlo.

Y lo voy a hacer.

Voy a demostrar, sobre todo a mí misma, que puedo. Sin dudar, puedo.

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)