Nadie diría que extraño algo de los viejos días donde la sangre corría alocada por mis venas, me hacía tener sueños extraños durmiendo y aún más extraños estando despierta.
Podía escribir por horas porque pasaba esas mismas horas viviendo una Visión por tanto tiempo que las palabras se desparramaban sobre el papel, jugando con él como si amaran pertenecer a él. Era tan preciosas las mañanas de otoño e invierno y realmente creí que podía percibir, con toda claridad, las diez mil maneras en que mi mundo podía ser reinventado.
Nunca se reinventó. Y no podría decir que mis heridas se curaron. Mi enfermedad me llevó a un salto tan profundo que casi terminó mi vida.
Cuando llegaba esa vista de otra realidad no tienen idea cuán desesperadamente deseaba ser otra persona, vivir en otro mundo, fingir que había otra manera de ser. Algo más vivo, con más fuerza, con mayores palabras.
Porque no era el silencio del mundo lo que me mataba, era mi silencio. Todo lo que se agolpaba dentro de mí, apasionado, vibrante... y no podía hablar con nadie, no podía contarle nada a nadie.
Ese silencio... ese silencio era la tumba. El ostracismo casi me llevó a perder todo mi lenguaje y agradezco que no haya sido de esa manera. Quizá por ello soy tan cuidadosa en querer continuar comunicándome, porque sé que, mientras el cursor se siga moviendo y los dedos tecleen el teclado con cada una de las palabras, yo estaré bien. Yo podré respirar.
En los últimos años he podido hablar. Ha habido bondadosas personas que, incluso, me escuchan.
Pero una parte de mí, una que siempre pasó inadvertida, todavía tiene mucho que quiere decir.
Y se calla simplemente porque las personas en este siglo parece que perdieron mucho su capacidad de escuchar.
Todos hablamos. Pero, ¿Escuchamos? ¿Realmente escuchamos?
A veces pienso que lo peor de esta sociedad represiva es la manera en la que calla todo lo que debería florecer.
Puede que no haga nada al final, pero no pienso matar lo que hay dentro de mí.
Ya hay suficiente polvo y suficiente sangre para que además deba matar mi corazón.