En la lenta agonía del amor que es como un suspiro desesperado, el último aliento del sexo consumado prefiero el final rápido y abrupto que ir muriendo poco a poco teniendo absurda consciencia del final que de todas formas no podré evitar. No tiene sentido guardar apariencias si va a ser un suicidio/homicidio, tira del gatillo de una vez y no lo pienses, ni me mires a los ojos ni pronuncies un te quiero porque si es sangre lo que buscas, de todas formas ya me estoy muriendo aunque no hagas lo que está en tu naturaleza hacer. Yo he perdido tú has ganado y vete a festejar tu victoria a otra parte pero ten consideración por estos labios ensangrentados y no los beses con la suave crueldad mientras adivino tu sonrisa. Si me voy, te vas conmigo, suelen decir pero, ¿Para qué compartir infierno con un asesino? Por otra parte a este dardo envenenado quizá sobreviva arrastrándome por las calles despertando compasión. No tiene importancia, nada la tiene y quizá soñar nunca sea lo mismo porque igual que tus labios con sabor a sangre y convulsión (eso no tiene nada de alegórico) esa noche aciaga yo sigo con el sabor de cenizas en el fondo de mi boca. Estos últimos acordes son tenues capullos de la sinfonía de la destrucción. Pero no te daré la satisfacción de creer que estamos en el mismo tono y te mataré porque me has deshecho. Vive tu futuro de forma miserable o plena pero vive, porque no perderé mi alma por arrebatarte la tuya.
Vive o no vive pero no jodas mi eternidad
Victoria Morgenstern