domingo, 27 de diciembre de 2015

Día 17: La Muerte.

¿Qué es la muerte sino el último suspiro de la vida, la breve pausa del tiempo para empezar un nuevo ciclo? El modo de morir puede ser violento pero la muerte no es nada de eso, es un momento de estupor, de interrupción de todo que deja a los pobres seres humanos esperando por más. La mayoría de la gente teme a la muerte, teme a ese momento terrible en que las cosas se detienen para no girar más.

Pero, ¿No es el momento en donde uno se siente más vivo, sabiendo que las cosas tienen que acabarse? Minutos antes de intentar suicidarme sentía la loca palpitación de mi corazón, podía sentir claramente la miserabilidad de esta vida, el doloroso interruptor de adrenalina que hacía que casi valiese la pena respirar una vez más. Bueno, no logré matarme y ahora la vida se siente como algo deseable, un viaje que se desea recorrer completo aunque esté lleno de incomodidades. Es sólo que la muerte está siempre tan presente, es un hecho ineludible en esta vida llena de incertidumbre, es el motor que, paradójicamente te mantiene caminando, que hace que busques trascender en la existencia porque no tienes más, no puedes saber algo más allá.

Yo creo que como partes conscientes del universo que somos tememos el final de un ciclo porque siempre hay un rescoldo de duda por parte de la propia creación de si se le permitirá volver a girar en la circunferencia del ser. Me pregunto si el miedo no es una emoción que experimenta la materia como parte de la experiencia de saberse sensible, de encontrarse disfrutando de las novedades de su propia naturaleza, tan intrigada como nosotros de lo que está sucediendo. Quizá el propio Dios sea un niño grande con juguetes inteligentes cuya capacidad de asombro nunca disminuye y por eso disfruta tanto advertir, paso a paso, el mismo interminable proceso.

Tal vez el bien y el mal no sean más que etiquetas coloridas que el buen Dios (DIOSA, también quiero pensar)  puso para poder diferenciar mejor los procesos que viven sus juguetes, un tipo de orden para delimitar mejor este juego a escalas menores intrascendentes y mayores trascendentales observar con mayor detalle el propio tejido que se le acaba de ocurrir hacer. Quizá los únicos que sentimos que "esto no debería pasar" somos nosotros, ¿Quién decide lo que tiene que suceder? ¿Por qué creemos ser los mejores para analizar una situación? ¿Quién dice que hemos aprendido algo a  lo largo de los siglos de ser supervivientes como especie en este mundo de pacotilla que hemos construido?

Mantener la fe en que hay un entramado en este universo es como lanzar una moneda al cielo, sabes que caerá pero no tiene por qué ser a tu favor. Con frecuencia he escrito (en otros sitios) que a pesar de la aparente aleatoriedad de este mundo nos encontramos y fusionamos como seres humanos y hay veces que piezas encajan en su lugar y por algunos años el mundo se vuelve soportable, rico y generoso. Sin embargo opino, si, opino, desde mi limitada perspectiva, que vemos las cosas como queremos verlas y esto es independiente de si hay un destino trazado para el mundo o no. Quizá la realidad sea mitad y mitad, hay un entramado pero el propio Hacedor juega con los hilos, cambiando de opinión a cada instante, como un programador con su código. Las letras ya están dadas, el orden ha sido definido pero, ¿Quién dice que lo que tejes no puede ser una flor en lugar del mar azul?

Puede que me haya ido por las ramas y ya no esté hablando del título de esta nota pero las cosas van relacionadas. La naturaleza es un eterno ciclo gozoso de nacimiento, crecimiento, desarrollo, destrucción guerra y muerte y no hay formas bonitas o pacíficas ni de dar vida ni de prodigar muerte. ¿Quién dice que hay mejores formas de aprovechar la existencia que tenemos? ¿Dónde está escrito que tenemos que actuar de una u otra forma? No digo que no sea así, solamente digo que vemos lo que queremos ver, justificamos la vida misma como si de verdad pudiéramos conocer lo que "debemos" estar haciendo. La gente se arropa con sus creencias, creemos lo que podemos asimilar, lo que nos puede ayudar porque ya es bastante difícil vivir esta vida sin un propósito, sin parámetros que nos guíen. Y esto lo veo no porque sea alguien privilegiada (si es que se puede llamar a mi posición algo así) sino porque tardé años de mi corta vida en encontrar algo que para mí tuviera sentido precisamente porque nada lo tenía.

Cuando estoy en mi lado optimista suelo decir que para llegar a este punto tuve que pasar por la cantidad de cosas por las que he viajado y que ese aprendizaje, aunque algo punzante, era necesario. A veces sin embargo, me pregunto si no sigo equivocada. A veces, creer es más difícil que no hacerlo (aunque depende de la persona). Vayamos más allá, pues. ¿Por qué existimos los seres vivos? ¿Hay alguna razón secreta e inexplorada o difícil y evidente para que se nos permita el don de la vida? ¿O simplemente existimos para ser la prueba de que la vida es posible independientemente de cómo se manifieste? ¿Somos constantemente monitoreados por algún tipo de identidad o somos lamentablemente olvidados, un accidente en el tránsito de la posibilidad?

Yo viví en la oscuridad toda mi adolescencia. A veces todavía veo el mundo con tintes sombríos. No es muy difícil porque la especie humana ha hecho del destino de su raza algo muy cruel día con día. Hace que la vida en algunos momentos sea muy difícil de soportar. Sé o me han dicho que es así, que vivir en la luz es más sano, más conveniente y más aconsejable pero yo todavía no puedo percibir la vida de ese modo, no del todo. Mi mente ha ido sanando, mi espíritu ha recuperado su lucidez, sin embargo, mi cuerpo sigue inmerso en los estragos de excesos y mi voluntad ha ido haciéndose débil.
A veces miro hacía atrás y me pregunto si la muerte no hubiese sido más fácil.
Sin embargo debo admitir que la vida tiene sus ventajas.

Victoria Morgenstern.

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