domingo, 28 de junio de 2015

Día 11: El Compromiso conmigo misma.

Hubo un tiempo en que no sabía quién era yo. A veces pienso que todavía no lo sé del todo. Han pasado tantas cosas en mi vida que no sé de dónde partir para expresar la clase de persona que soy. Ha habido y sigue habiendo demasiados adjetivos para describirme. Solitaria. Anhelante, Curiosa. Soñadora. Inconstante. Indisciplinada. Floja. Depresiva. Enferma Mental. Impulsiva. Sexual. Parlanchina (a veces) Romántica. Gorda. Amante de los libros. Dibujante aficionada. Al menos, son los que se me ocurren ahora mismo. Pero a veces pienso que soy cambiante y lo que fue válido para un día no lo es para el siguiente.

 Me siento perdida en un bosque del que no puedo desprender ninguna enseñanza. El conocimiento de uno mismo es un proceso continuo y lo temo porque quizá no resulte suficiente para mí. Madurar no es cosa fácil. Comprometerse con uno mismo es tan difícil. Pero hacer nada no es la opción. Tomar ciertos riesgos es la solución aunque uno mismo no sepa por qué es necesario tomarlos. Es un poco extraño porque una de las cosas que tenía claro era qué clase de persona era yo. Me sentía poderosamente seducida por la idea preconcebida que tenía de mi misma hasta que ese molde se rompió en mil pedazos, demostrando que yo no cabía en él.

Así que soy una muñeca rota a la expectativa de que alguien vuelva a jugar conmigo para poder vivir. El problema es que nadie vendrá porque es tiempo de que la muñeca se levante sola y aprenda a bailar sus propios pasos. Siempre me había sentido vieja, sabia, madura. Todo mundo solía decir que era esa clase de persona que tiene claridad en la vida y una inteligencia grande con la cual combatir en la vida.  Pero ahora me siento muy joven, muy inexperta, muy tímida. De pronto, mi panorama es nuevo y yo no sé qué papel interpreto. A veces ni siquiera sé si quiero interpretar un papel en esta obra de teatro. Lo que sé es que ya no me siento contenta sólo observando. Necesito desarrollar un papel activo, uno que me permita conectarme con la gente.

Sin embargo, para salvarme del fracaso, necesito un carácter firme y una consciencia absoluta de las cosas. dos cosas que me parece que no tengo. No estoy totalmente en blanco, he aprendido y seguiré aprendiendo muchas cosas. Es sólo que siento que el único lugar donde me siento cómoda es en los sueños. Quiero pintar no porque sepa lo que es pintar, sino porque es un sueño que tengo desde hace mucho. Quiero escribir porque es lo que he estado haciendo toda la vida y no sé qué hacer si no escribo. Quiero leer porque hay sueños en esas páginas donde busco refugiarme. Durante mucho tiempo, de hecho, pasó de esa forma, me perdía entre las páginas de los libros y vivía una realidad alterna donde no prestaba atención a lo que me rodeaba.

Ese tiempo terminó y aunque sigo agradeciendo a los libros lo que me han dado, sé que no puedo seguir por esa senda de nuevo. Es hora de crear un mundo nuevo con lo que leo, aunque es tan difícil... escribir no es como leer, no te dan todas las armas para que tú descubras el mundo, tú tienes que decidir qué clase de cosa expresar y alguna vez ni siquiera tienes palabras para decir lo que pasa por tu cabeza o no quieres decir todo lo que necesitas expresar. A veces espero demasiado de las cosas. Espero que mi primer libro sea un éxito total y por eso es que no puedo escribir porque estoy obsesionada con la idea de un excelente libro, así que no lo expreso como pueda salir. Lo mismo pasa con lo que dibujo. Me cuesta tanto trabajo dibujar como escribir porque quiero que salga un excelente resultado y me desilusiono cuando veo lo poco que puedo hacer ahora. A pesar de eso no abandono ninguna de las dos cosas porque sigo un sueño y a veces me asusta pensar que son sueños lo único que me sostiene en la vida.

Antes ese papel lo ocupaba el orgullo y no sabes lo fácil que es dejarte llevar por la soberbia porque no sientes el fracaso, porque ocupas un sitio privilegiado en tu negativa a mancharte las manos. El orgullo es fuerte y te hace sentir que tú también lo eres aunque en el fondo sabes que es sólo una ilusión. Con todo, el orgullo es una excelente manera de ponerte en pie cuando desearías estar de rodillas sólo para que el mundo no te aplaste. Ahora ya no tengo orgullo ni oscuridad dónde refugiarme, sólo tengo sueños y luz. De alguna manera, hace mucho que temo a la luz porque representa las cosas tal y como son y me da miedo observarme conscientemente en el espejo de mi realidad. En ocasiones pienso que eso me llevó a intentar suicidarme. Había estado tanto tiempo peleando con  otras cosas que cuando finalmente estuve sola y tomé consciencia de mí misma, descubrí que no tenía nada en lo que apoyarme así que lo único que hice fue caer. Y no te creas, sigo estando en ese punto aunque con una negativa a rendirme, a dejar de luchar, pero ya no por orgullo sino por deseo de vivir.

Sin embargo no se puede vivir asomada a una simple ventana donde dejar pasar el viento, en el fondo sientes la necesidad de mezclarte con la gente y ser alguien para los demás, alguien que se comprometa y sea alguien activo, propositivo. Y siendo honesta, a pesar de todo el miedo que tengo, no quiero ser Rapunzel, por decirlo de alguna manera. Así que mi compromiso es conmigo misma. Quiero salir adelante por mí misma, porque merezco una oportunidad de luchar por lo que anhelo. Hago un compromiso de conocerme en profundidad y expresar mis sentimientos, un compromiso para relacionarme con las personas y aprender a aceptarlas tal y como son (siempre y cuando no hagan algo por lastimarme). Hago un compromiso por vivir la vida plenamente  y renuncio a mi escondite sempiterno que es mi usshak. Hago un compromiso por hacer amigos y conservarlos para seguir dándome de topes con la existencia.
Hago un compromiso conmigo.

Ivana Morgenstern. (Victoria de Valo)

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