miércoles, 24 de junio de 2015

Día 10: El Pasado que no puedo dejar/El Presente que no puedo amar.

Al fin he entendido por mi misma por qué no puedo alejarme de tu recuerdo. Eres el último bastión de un tiempo ya acabado y desaparecido de años que he perdido sin posibilidad de recuperación. Hoy me hallo al borde de otro tiempo distinto y me niego a soltar el pasado porque tengo miedo de lo que deparará el futuro. Juego al filo de un precipicio preocupándome por una caída que no ha sucedido (y que probablemente no sucederá) y lloro por todo lo que he extraviado en el camino. Lo cierto es que en esta vida nada perdura ni permanece y no puedes pretender que, una vez encontrado lo que buscas, lo tendrás en tu poder largo tiempo.

 A las malas tuve que aprender que la vida cambia con cada respiración y que muchas cosas que deberían seguir tu camino se desvanecen mientras que otras que deberían ser mejor olvidadas quedan en el recuerdo de una herida que se niega a cerrar. Esto no es amor, es obsesión. En el fondo mi alma herida necesita de alguien que ayude a aligerar los largos días que ocurren, en el fondo de mi alma destrozada aún perdura la ilusión de un amor aunque sabe que las cosas nunca suceden cómo las planeas. Por eso no te suelto, no porque seas imprescindible o porque seas inolvidable, sino porque eres la única referencia de un sentimiento verdadero y duradero en una vida llena de inestabilidades.

Hace ya dos años y algo que no te veo pero mi subconsciente me obliga a pensar en ti y en tu nombre para recordarme que una vez estuve viva, sufrí y deseé amor aunque ahora lo prefiera sólo en los libros. Mientras no suelte ese pasado que me niego a olvidar, ese pasado que me atormenta y me ata, jamás seré libre. Y por eso tengo que hablar mucho de ello, tengo que sacarlo todo para, al final, sanar el paso de esos momentos y dejarlos atrás.

Este escollo en mi vida en el que todo se detiene es terrible para mí porque no sé qué hacer con él, no puedo obligarme a vivirlo sin angustia, aprendiendo de él sin derrumbarme. En mi interior sé que todavía queda mucho por hacer pero mi mente consciente tiene miedo así que duermo y duermo esperando encontrar en mis sueños lo que no puedo disfrutar en la realidad. Está mal, lo sé, pero no sé cómo evitarlo

Estoy cansada de luchar, de presentar mi mejor cara al mundo, estoy harta de ser optimista y lo peor, siento que una parte de mí se hunde en la oscuridad sin remedio aunque la luz está a sólo unos pasos del camino. He perdido parte de la esperanza que me ha guiado en este eterno sendero y soy una pared inflexible con la que la gente se topa para rodearla. Estoy desesperada, estoy sola, estoy hasta la coronilla en este momento de calma donde todo se ha roto. Quiero gritar, quiero escribir, quiero estar viva, quiero tener claro lo que quiero hacer, quiero que todo se cumpla. Quiero tomar lápiz y papel y salir a la calle a perderme en pequeños detalles aunque a nadie más le importe.

Parece que ese es mi camino primordial, la soledad. Y estoy sola no porque no pueda estar con alguien sino porque muchas veces no quiero acercarme a la gente, no quiero conocerla, no quiero estar con ella y luchar por tener una conversación, no quiero dar de mí para ser traicionada otra vez, no quiero lidiar con un afecto que perderé. Es allí donde sé que el pasado me ata porque son las traiciones del pasado las que me impiden formar los lazos del presente. No sé en quién confiar, no sé si quiero confiar. No sé pelear por mi lugar, no sé cómo conectar con los extraños, no sé decir grandes discursos, no sé ser honesta con nadie (ni siquiera conmigo misma) no sé qué clase de persona soy, nada sé y no es una postura psicológica sino una realidad casi física.

Tengo miedo de enfrentarme a la vida a mis 20 años porque temo perder, temo equivocarme. De sobra sé que la única forma de aprender es intentándolo hasta morir, pero me duelen los golpes que me he dado intentándolo y me sumo en la vergüenza de recordarlo hasta que sé que no lo puedo olvidar. Lo que reverbera en mí es: estoy sola. Vivo sola. Sueño sola. Moriré sola.

Como todos los demás.

Ivana Morgenstern (Victoria de Valo)

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