sábado, 21 de marzo de 2015

Día 2: 22 de Marzo del 2015.

Acabo de releer mis diarios de hace casi cuatro años y otros de tiempos aún más antiguos. Me he dado cuenta que vivo mucho en el pasado, que tiendo a obsesionarme con las cosas y que siempre estoy coexistiendo en mundos paralelos. ¿Es eso lo que hace un escritor? ¿Se deja llevar por sus fantasías hasta que éstas son más importantes que la realidad? Yo creo que no es así. Todas las personas tienen dos mundos, el primero es dónde existen y el segundo dónde se imaginan que viven. El que yo escriba sobre esos mundos no es nada especial, sin embargo, creo que es preocupante la manera en la que llevo mis fantasías al mundo real. Leyendo un cuaderno que hice estando en la secundaria, puedo darme cuenta cómo fue que llegué a enamorarme de una persona que ni conocía y extender el asunto durante cinco largos años. Claro, la ficción y la realidad no coincidieron en todos los aspectos y eso me creó sufrimiento pero  no deja de ser remarcable la manera en que busqué que mi realidad se adaptara por completo a mi fantasía, a lo que me faltaba (o creía que me faltaba) para ser feliz. Así las cosas, supongo que sólo tengo una leve idea de lo que es el amor y quizá no lo conozca en lo absoluto porque nunca he amado a nadie por ser tal y como es, con excepción de mis padres. He idealizado el amor hasta ponerlo en un pedestal oculto que brilla a la luz de la luna con haz espectral. Soy una persona que se relaciona sólo hasta cierto punto con las personas y que esconde sus pensamientos para contarlos a los psicoanalistas y los psiquiatras para ver si hasta ese punto me pueden ayudar. Y creo que estoy tan sumergida en mi modo de ver las cosas que no consigo reflexionar objetivamente sobre lo que me rodea. Veo mucho pero también veo de forma muy limitada. Y estoy cansada de correr y estoy cansada del dolor y la soledad. Quiero una nueva vida. Así que empiezo de cero, reinicio la computadora que es mi mente y dejo atrás los demonios del pasado. No puedo cambiar lo que haya pasado pero puedo cambiar yo de manera que mi destino sea menos doloroso. Puedo intentar ser feliz, puedo ser honesta conmigo misma. Puedo cambiar. Puedo ser diferente. E incluso aunque todo esté predeterminado, quizá hasta pueda evitar la miseria de una vida envuelta en el sufrimiento. No está mal querer ser feliz y pasarla  bien aunque te sientas mal. No está mal buscar esa misma felicidad y pelear por la estabilidad mientras te desarrollas como persona. Dejemos que mi ser hable de lo presente, de lo existente, de lo rentable. Escondamos las cicatrices en el fondo del baúl y no las dejemos salir por un buen rato. Eso es lo único que puedo hacer.

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