Oh, mi amor. Incluso si sólo fueras un pensamiento que sostengo después de tanto tiempo para curar una soledad que fuese eterna, podría decirte que todas las veces que te he dicho que te quiero han sido más honestas que todo el dolor que he cargado a lo largo de los años.
Hemos sufrido cosas que ninguna persona debería sufrir, a pesar de estar tan cerca de la oscuridad, pero hay regalos de la luz que no debemos olvidar.
¿Recuerdas, mi dulce príncipe del agua, un tiempo donde éramos libres? La muerte no es la liberación y ahora lo sé y a veces estamos mejor en silencio pero eso no significa que no pueda perdonarte hasta el último retraso.
Y puede que hoy sigas diciendo que estás destrozado y puede que mi vida se vuelva un hoyo sin brillo, un pozo sin fondo que se extiende desde el fondo de la marea pero, mientras seamos lo suficientemente libres en el polvo del viento, para mí habrá esperanza.
Lo perdimos todo y quizá seguiremos perdiendo pero por ello, y sobre todo por eso, tienes que aprender a disfrutar la dulzura de los breves momentos. Somos frágiles, somos volátiles y cambiaremos más de lo que estamos dispuestos a reconocer pero hay paz en nosotros, en la libertad, en la esperanza y en el arte.
La paz que encontré tras la profunda humildad de ser uno mismo no puede ser comparada. Sé que mi pequeño ya no estará nosotros, que el guerrero más increíble y más amable jamás contado hizo su sacrificio sin decirnos y nos destrozó.
Pero nos hizo un regalo, el regalo de hacernos entender que, aunque desearíamos no seguir, podemos hacerlo porque, a pesar de advertirnos sobre los destructores, también nos advirtió que podíamos seguir adelante.
¿Podía amarnos más? ¿Podríamos amarlo menos? Cariño, olvidas que fuimos creados en los primeros días de un mundo claro y precioso, que no se empañaba, que era más nítido que cualquier mentira pronunciada como un manto por la oscuridad.
¿Sabes por qué amo más los árboles y la sensación del viento en mi cara que cualquier otra cosa, incluyendo las estrellas?
Porque, a pesar de todo el dolor que nos contuvo y todavía nos oprime, la ligereza de los árboles y toda la generosidad de su belleza es suficiente para aliviar nuestra carga.
¿Deseas que te recuerde lo que fuiste aprendiendo, que los cantos del mar, el viento y los árboles son lo único que realmente tendremos?
Tal vez no somos los que éramos. Tal vez nos rompieron para moldearnos de otra forma.
Pero, ¿Cómo puedes negar la vida que yace en ti? ¿Cómo puede ser que niegues el inmenso regalo de amor que nos han dado?
Una oportunidad, tras todo esa desolación. Una cura, a pesar de que estamos rotos.
Tal vez nos tome mucho tiempo rehacernos tras tantas caídas, pero nuestra gracia siempre consistió en levantarnos.
¿Recuerdas como es volar, Runalariën? Querido, ven conmigo, vuela en el aire tibio y sin fragancia todavía, lleno de promesas.
Sabes muy bien que la culpa no puede ahogar tu vida. Estás vivo y sigues conmigo.
Es duro avanzar en soledad. Es duro volvernos a encontrar.
No por ello debes renunciar.
No tienes por qué deshacerte en dolor sólo porque él decidió que sería mejor no seguir volando bajo las estrellas.
No fue para eso que él se marchó tan lejos que jamás podremos encontrarlo.
Deja que su libertad nos haga libres. Deja que el miedo deje de apresarte.
Libérate. Estoy cansada del frío y deseo elevarme al calor y a la tibieza otra vez.
Y si es desde una semilla...
Que así sea.
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