Él llegó a mí como una sorpresa, alguien que era real para creerlo pero tan increíble en su actitud que parecía desmesurado. No sentía dudas ni titubeaba con lo que quería, sólo la timidez fue lo que quizá detuvo que su voz fuera demasiado intensa o rápida.
Estaba en un momento amable y respondí que sí a su invitación: ¿Qué podía decir sino eso, percatándome de que quizá hubiera una oportunidad, aunque pequeña?
No espero nada de nadie. Ya no. Solía ser una persona que soñaba de forma vívida y experimentaba la vida intensamente. Aún sueño pero ya no me creo que lo que veo sea real y tampoco dejo que toda mi llama se consuma en de un solo golpe, dejándome exhausta y vacía.
Pero él esperaba. Y yo respondí, porque quería hacerlo. Y descubrí, para mi asombro, que era todo lo que yo podía haber querido, de haber esperado algo.
Y le pedí que se quedara. Porque no quería que se fuera. Porque quizá, sólo quizá, empezaba a desear algo.
Él aceptó. Y apenas es una luz lo que apareció en mi vida, tan inesperada, tan rara, no sé ni siquiera adónde me lleva.
Tengo todas las dudas del mundo. Pero no porque él me haya hecho sentirlas sino simplemente porque mi vida siempre ha sido muy complicada y no espero que el solo hecho de que esto haya pasado vaya a cambiarlo todo.
Solía ser una niña. Solía soñar. Solía creer. Pero ya no soy una niña. Ya no sueño, sólo construyo mi realidad. Y no creo nada. Solamente descubro el mundo y me adapto a él.
Fui destrozada. Fui medianamente reparada. Fui encadenada. Fui medianamente liberada.
Pero aún no soy libre. Y aunque él haya llegado a mi vida, él no puede sanarme.
Debo avanzar lentamente pues mi camino aún se extiende a mis pies sin ninguna posibilidad de retorno. Pero no sé, nunca sé, hacía dónde realmente camino. Pues no tiene sentido ponerse demasiados objetivos: las cosas están cambiando tan rápido que no estoy segura de qué dirección tomar.
Me he vuelto espartana en mis gustos y en mis aspiraciones. Porque sé que no hay otra manera en que yo pueda soportar esta situación.
No siento preocupación por el futuro, sólo por la pérdida, por el dolor que me aguarda.
Porque sé que no hay manera de quedarte en un solo momento: Todos avanzamos y vivimos lo que hay que vivir.
Todo está escrito.
O al menos las pautas para que sea realizado. Sé que no todo está predestinado, pero si sé que hay cosas que no podemos cambiar.
He crecido y sé que hay fuerzas que no podemos controlar. La verdadera fuerza no reside en poder hacer todo lo que se quiere. Y tampoco en un poder vacío.
Busco mi fuerza, mi fortaleza, mi valor, mi verdadero principio.
Ha sido tan duro hasta ahora y estoy tan cansada a veces que sólo puedo tomarme día por día.
He llorado tanto que sé que seguiré haciéndolo, aunque sólo sea en solitario.
Porque aún no estoy bien. Esa parte de mí, fragmentada y rota, no se ha vuelto a unir.
Y la pregunta es, mi hermoso hombre, ¿Te quedarás una vez que sepas lo que se esconde detrás de esta hermosa criatura que dices amar?
Y si te quedas, amor mío, ¿Podrás soportar el cambio que vendrá cuando te llegue donde nadie más podrá llegar?
No te obligo a quedarte y fue tu elección venir conmigo. Me querías y me has conseguido.
Pero, ¿Estás seguro de lo que tienes ahora?
No avanzaré en detrimento tuyo. De verdad deseo que te quedes a mi lado, que estés conmigo, tal como me dijiste que quieres hacer.
Pero temo por ti y temo por mí porque mi camino nunca ha sido fácil.
Y quienes caminan conmigo, no vuelven a ser los mismos una vez que han recorrido esa parte de la senda.
Odín, entonces, bríndanos el sendero.
Porque no queda otra más que caminar por este suelo y pretender que nada más que la vida pasa y que no duele más que un día más.
Ivana Victoria Morgenstern.
No hay comentarios:
Publicar un comentario