...
Yo sólo quería una vida sencilla.
Ni castillos ni riquezas, ni glorias vacías;
Anhelaba momentos silenciosos de inmensa alegría;
Amar con el alma, disfrutar con las sonrisas.
Yo sólo le pedí al cielo al amor en mi vida.
Pensé que podía conceder brisas dulces y palabras amables.
Pero todo eso se ha ido y sólo quedo yo.
Sola, aunque no vacía.
Sin armadura, pero todavía con la espada en mis manos.
Mi corona debió haber sido de flores y quizá espinas,
Y sin embargo, en su lugar, hay acero.
Soy un adalid de una guerra en la que no creo.
Dos Veces Nacida,
Marcada para la Batalla.
Tengo motivos para luchar, pero no para vivir, más allá de la idea de mí misma.
Pero quizá esto, después de todo, es mi destino.
Ivana Morgenstern.
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