miércoles, 30 de agosto de 2017

Día 24: En el Crepúsculo Violeta.

¿Qué es lo que hacemos cuando le contamos a otra persona una historia? Nos gusta la ilusión de la intimidad, incluso sabiendo que, pasado el momento, se lo contaremos a alguien más, jugamos con la idea de que el momento sólo pertenece a las personas que lo vivieron.

Solía jugar en la oscuridad y cada momento era azulino y púrpura cuando las estrellas pasaban a deleitarme la mirada. Alzaba mi dedo blanco y delgado para puntuar la delicadeza de un universo conocido.

Ahora ya no puedo. Gané la luz pero, en ese amplio horizonte existe ahora la gran incógnita de quién o qué sostiene esos grandes cielos, esa gran bóveda. Ahora puedo ver y a veces, al viajar en esa radiante luminosidad, me aterra lo antes conocido, las profundas tinieblas que me envolvían en su dolorosa delicadeza.

Por ello es que me doy cuenta que la antigua magia de hablar con un desconocido aunque sigue siendo atrayente, ya no existe tampoco. Las personas se hablan entre sí y debes calcular la magnitud de contar tus secretos, pues no sabes qué otra mente además de la de tu interlocutor, es la que te estará juzgando. Tu camino ya no es solitario y ya no es gris y aunque existe la esperanza, detrás de esa sombra en la ventana existe una gran incógnita.

No miento al decir que soy más feliz habitando en la bella luz pero existía una magia en esa angustia que ahora ya no sé cómo recobrar o si alguna vez la recobraré.

Creo que sólo soy un color torpe que fluye, que mira hacía adelante para sumirse en los colores que iluminan el planeta, la galaxia, la dulce cavidad eterna.

No entiendo el tiempo pero siento cómo corre a través de mí igual que algo insalvable, irrecuperable. Intento no asustarme pero la simple consciencia del momento presente no me ayuda a tranquilizar mis dudas y me siento tan frágil como una pompa de jabón, como un suspiro en el cotidiano viento.

Obtengo paz y lágrimas al mismo tiempo y ya sé qué estoy buscando pero no sé si lo encontraré en algún momento.

No te diré que no hay certezas porque no es cierto pero tengo miedos, miedos, miedos. Me disfrazo con la sonrisa de la melancolía para que no sepas cuán profundo es mi desaliento y aún así río porque no todo es dolor. Hay cada vez menos sufrimiento, todavía le canto a la mañana pero le tengo miedo al sueño, a esa fuga inexpresable de pacífico olvido.
Excepto porque despierto. Despierto, despierto y entonces me pregunto por qué tanto sueño.

Yo sólo quiero vivir mi vida sin enterrar la mitad de mi alma en la cama.


Victoria Morgenstern.

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