lunes, 6 de junio de 2016

Día 19: Torrente.

Toda esa soledad me hace pensar en el modo rápido en que gira el mundo en cómo no hay modo de hacer que dos corazones encuentren un ritmo que les permita bailar al unísono aunque sea por poco tiempo. Hay tantas formas de quedar con la persona incorrecta, ¿Por qué nos aferramos a ellas? A los dolorosos recuerdos que nos atan a cosas que no deberíamos considerar siquiera, a la cuerda que nos sostiene del cuello al saltar al vacío. ¿Por qué la fe está repleta de matices sombríos? La luz de tu sueño consigue alejar las tinieblas de tu abismo pero el abismo sigue ahí incluso aunque intentes saltarlo. Yo veo las sombras que se agolpan a través de ese salto, me cuesta tanto creer que la fuerza de voluntad consiga trampearlas e incluso pienso que si eso sucediera se perdería algo irreparable. No puedo ver sólo la luz veo la oscuridad en las cosas. Entonces no sólo distingo el viento también saboreo el polvo. La vida es hermosa porque es efímera porque lo que es hoy no será mañana porque incluso lo que cosechamos va a morir. No sirve de nada aferrarse pero también no sirve de nada no hacerlo porque sólo puedes tomar lo que te ofrece esta existencia porque sólo te pertenece este momento. La música sigue tocando, muévete mientras haya ritmo porque no hay nada más no tienes nada más no podrás conseguir nada más. Estoy aprendiendo a entender los valores materiales de la vida a respetarlos por lo menos pero es duro lo es mucho escapar de este dulce suicidio. Lo amargo se mezcla con lo dulce y aunque hay mucho sabor a cenizas mejor sabe la cereza si no hay nada más con que compararla. Lo cual no tiene, en lo absoluto, sentido. ¿Soy la única sacudida por sentimientos que no puedo comprender? ¿Soy la única ahogada por ese mar incierto que no llega a ninguna parte? La canción de la destrucción resuena en mis oídos y no sé adónde correr Quizá sólo necesite adrenalina. Victoria Morgenstern.

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