martes, 22 de noviembre de 2016

Noche 3: Imaginación.

A veces tengo profundos deseos en el corazón y a veces no sé si podrán ser cumplidos. 

Últimamente, dado que tomo menos medicina de la que debería de tomar, siento como mis emociones escapan desbocadas de su redil a querer golpear a todo el mundo y sobre todo a mí por lo que necesito desesperadamente algo que me haga pensar en otra cosa o más bien, pensar en ello sin sentirme tan ansiosa.


Para ello me imagino escenarios. La mayoría de cosas que me gustaría que pasaran pero están lejos de suceder y aunque sé que los escenarios a veces son un poco improbables, me gusta pensar en ellos, en mis reacciones, porque, incluso aunque sé mientras los desarrollo que son irreales, me alivia ligeramente soñar esas cosas, relajar mi mente mientras pienso que algunas cosas son seguras y siguen el curso que quiero, sí, insisto, sé que no es cierto.


Es que, en ocasiones, resulta terriblemente necesario. Últimamente siento como mi deseo se aferra a mí como un niño al seno de su madre y Odín, cómo quiero soltarme, cómo quiero que me suelte.


Estoy trabajando arduamente por evitar mis impulsivos bordes oscuros de reacción, las palabras amargas que me salen del corazón aunque no es justo que las diga porque muchas veces las personas a las que van dedicadas esas palabras no tienen la culpa o no tienen por qué escucharlas o simplemente porque esas palabras no van acorde con la situación. También estoy evitando romper cosas (y lastimarme en el proceso) cuando me enojo o pasarme el día entero en la cama porque me siento fatal.  Afortunadamente no me he disociado y ¡Eso es un regalo!

No es fácil. Repetidas veces me atrapa la desilusión y quiero responder colérica a todo lo que me dicen porque me molesta. Luego estoy temblando y la ansiedad me sobrepasa por detalles nimios que no merecen semejante respuesta. Reacciono desmedidamente a cosas sencillas y quiero llorar por cosas que yo sé conscientemente que puedo superar y no deberían doler así.

Espero mucho de las personas, demando todo, me hastío rápido. Tengo un genio del demonio y continuamente soy insoportable y estoy de malhumor.

Si dejara salir todo lo que traigo dentro, obviamente sería peor. La gente dice "no te preocupes, yo también reacciono así" Oh claro, todos tenemos nuestros quiebres, somos humanos. Pero a mí me pasan muy seguido y eso que me medico.

He descubierto no que no sea humana sino que simplemente la intensidad con la que vivo la vida es ligeramente diferente a la de los demás. Siempre me dicen que debería dejar mi medicina, que puedo vivir una vida tranquila y que me lave la cabeza de todas las cosas que me han dicho los médicos. 

La última vez que me lo dijeron y me dieron un sermón sobre ello, casi pierdo por completo la paciencia. Sobre todo porque yo no estaba en ese lugar para hablar de mi enfermedad.
Luego, cuando me pude calmar, llegué a la conclusión de que debo dejar esas cosas pasar. La gente siempre cree que sabe lo que es mejor para ti. Que sabe por lo que estás pasando.

Cuando lo cierto es que no es así. Yo no sé qué pasa por tu mente y aunque me lo expliques, yo no lo viví, así que puedo hacerme una idea, pero no puedo saberlo. Y luego todas esas personas que toman una actitud idiota creyendo que saben cómo ha sido tu vida cuándo no tienen una sola idea porque ni siquiera se han molestado en preguntar.

Pero la culpa no es suya. Es mía porque a veces comento que tomo medicina, no cuál, no por qué, pero eso es una compuerta a cosas que me pertenecen, que no puedo compartir, que tampoco estoy segura de que quiera que la gente sepa.

Así que mejor lo escribo y construyo escenarios. Imágenes bellas, con toques de cosas que podrían suceder aunque sé que no es probable que sucedan, expreso con lo que imagino todas las cosas que no puedo decir que siento me salo al explicar.

Muchas veces me pasa con alguien me gusta o alguien que empiezo a querer o es más, quiero querer, quiero que se quede en mi vida. Nunca he sido una persona paciente aunque es una virtud que intento adquirir así que dejo que sea la imaginación la que colme  mis ansias y las refrene, por breves momentos.

Sé que eso no va a pasar por demasiado tiempo, que un día el deseo será más fuerte y si no puede ser saciado, me torturará como tantas otras cosas. Pero es más sano aliviar en parte la sensación que dejarla que arda y arda y arda haciéndome pedazos.

Escenarios. Creemos mundos nuevos sólo por el placer de hacerlos. Finjamos que la realidad tiene algo para ofrecernos.

Porque admito que tengo miedo de esto. Tengo miedo de querer tanto... y que no se cumpla nada de lo que espero.

Victoria Morgenstern.

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